martes, 9 de julio de 2013

Andrew, el chico de la cámara Polaroid
Contestaron el teléfono, y una voz de policía se oyó. Era el comisario Rex diciéndole a la señora Lilong, que tenían detenido a su hijo por haber amenazado a un taxi  para llevarlo a una empresa japonesa…

Andrew Lilong era un joven de raíces asiáticas que vivía en New Jersey con toda su familia. Ellos llegaron a los Estados Unidos en 1943 escapando de la segunda guerra mundial. Su familia no era de mucho dinero, y él como hijo mayor, tenía que apoyar a la familia económicamente. No teniendo suficiente dinero para pagar el instituto, empezó a buscar trabajo. Esto duró un par de semanas. Un día, volviendo de almorzar con sus amigos, Andrew encuentra en un basurero, una antigua cámara fotográfica de marca “Polaroid”. Como disponía de mucho tiempo libre, empezó a experimentar con la cámara, volviéndose muy apegado a ella.

Una mañana mientras desayunaba, Andrew empezó a leer el periódico, para ver si encontraba un trabajo. Vió un artículo que le jalo el ojo profundamente. Este decía: “Se necesita fotógrafos para reconocida empresa japonesa, requisitos: dominar el japonés y dominio de mayoría de cámaras fotográficas antiguas. Buena paga”. Este aviso describía perfectamente a Andrew y él, al leerlo se dio cuenta de las grandes posibilidades que tenia de poder conseguir el trabajo. Rápidamente, hizo su C.V y fue a pie en busca de esta empresa, pero vio un taxi en plena calle.

La señora, estaba muy nerviosa y angustiada, por la grave notica que le había dado el comisario por el teléfono. Rápidamente, esta salió de su casa directo a la estación de la policía,  ubicada a tres cuadras de su casa, en bicicleta. Al llegar, la madre de Andrew, rellenó todos los papeles necesarios para poder dejar a su hijo en libertad. A pesar de haber rellenado todos los papeles y formularios, el comisario Rex se negó a darle libertad porque Andrew ya había tenido problemas con la ley anteriormente. Tuvo que quedarse en la celda de la comisaria una semana más. Mientras tanto, su mama llenó sus datos y un par de fotos que había tomado y las envió a la empresa japonesa. El gerente recibió los datos de Andrew y desde el primer momento, se dió cuenta de la gran habilidad que Andrew tenía para tomar fotos, y se interesó aún más por él, ya que las fotos eran tomadas con una cámara muy antigua. Este gerente se encargo de liberar a Andrew.

Y llegó a Japón, la ciudad natal de su familia, automáticamente empezó a trabajar en la sede principal de la empresa. Esta empresa le dio un pequeño cuarto en el piso 13 en un hotel muy antiguo en el centro de Tokio. Por adentro, era muy sucio y oscuro, ya que solo tenía un foco que por ratos se prendía. El cuarto tenía un televisor pequeño, de los primeros a color, un baño y un colchón. La primero noche durmió tranquilo, aunque ya extrañaba a su familia.
La empresa quedaba en el centro  de la ciudad. Por fuera era un edificio viejo y descuidado. Al entrar, fue recibido por otro fotógrafo que estaba en el cuarto oscuro para poder revelar sus fotos. Andrew notó que el interior era 100% opuesto a la fachada del edificio, tódo era lo último en tecnología. El mismo chico que le abrió, le asignó su primer trabajo. Él se llamaba William Chi Jau Kay. El trabajo consistía en tomar fotos en la parrillada del cumpleaños de un importante empresario japonés. Esto era al día siguiente.

Al día siguiente, habiendo llegado al lugar de su primer trabajo, Andrew conoció a su cliente, el famoso empresario japonés para poder saber sus expectativas por ese trabajo de fotografía y como quería que fueran las fotos.

Andrew Lilong llegó cansado al trabajo luego de la parrillada. Eran casi las 10 p.m y había llegado el momento de revelar las fotos. Apagó las luces del cuarto oscuro y se puso a trabajar. Reveló la primera foto. Luego, la segunda , y así continuó sucesivamente. Terminó de revelar las 52 fotos alrededor de las 2 a.m y estaba tan cansado que se quedó dormido en el cuarto oscuro y con las luces apagadas.

A la mañana siguiente, William despertó a Andrew  y ambos se quedaron sorprendidos con lo que encontraron. Primero, Andrew tenía todo el pecho rasguñado. Segundo, al ver las fotos se dieron cuenta que había una persona mas, que no había estado al momento de tomar las fotos. Esto generó una gran confusión en los dos chicos. Nadie sabía lo que estaba pasando. Cada día, una persona distinta de la empresa amanecía con los mismos rasguños que Andrew. Todos querían renunciar, pero el CEO no los dejaba, ya que este pensaba que le estaban haciendo una broma porque él era el único que no tenía los rasguños.

Finalmente, cada uno de los integrantes de la empresa cada vez que mencionaban lo que les había pasado, morían al día siguiente. Así cada uno fue muriendo y pasó de ser solo de esta famosa empresa fotográfica a ser de Japón, y luego mundial.

Hecho por: Cristobal Pflucker y Giancarlo Giudice

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