Las personas no se
desvanecen, los espíritus sí.
Era 1970, Madrid, España. Diego y
Daniela se casan en una soleada tarde de primavera, eran jóvenes, Diego tenía
23 años y Daniela recién cumpliría 21.
Cinco años más tarde, en 1975,
Daniela y Diego ya tenían 2 hijos, Rodrigo de casi 5 años y Nicolás de 3.Era
invierno, frio y crudo, un crepúsculo anaranjado con la noticia más devastadora
de todas, una amiga visita a Daniela y le cuenta apenada que ha descubierto que
Diego la engaña con una amiga de ambas, Daniela entra en shock, le agradece a
su amiga por la información y esta se retira. Rodrigo llega de jugar en el jardín
con Nicolás, pasan por la cocina para tomar unos refrescos y encuentran la
bandeja con el lonche de su madre en la mesa. La niñera de Nicolás lo carga y
se lo lleva para bañarlo, Rodrigo le pide permiso para ir a dejarle el lonche a
su a Daniela antes de bañarse, su niñera acepta y el va a dejarlo.
Al llegar a la habitación de
Daniela, Rodrigo encuentra la puerta abierta, entra y deja la bandeja sobre la
cama, Daniela no estaba ahí, pero se escuchaba el agua cayendo en la tina,
Rodrigo va al baño y ve la cabeza de su madre reposando en la tina, a ella le
encantaba relajarse y echarse un ratito cuando se bañaba, él se fue acercando
para besar la frente de su mamá, la amaba y quería sorprenderla, se fue
acercando y notó que el agua estaba roja, cuando llegó al pie de la tina se dio
cuenta de lo que pasaba, el agua estaba roja, roja de sangre, sangre que
brotaba de las muñecas de su mamá, su mamá, la persona que él más amaba en el
mundo, se había suicidado, y la sorpresa era muy grande, lo suficiente para
quedarse trastornado. Gritó, fue lo único que pudo hacer en ese momento, los días
que siguieron fueron terribles, lágrimas, recuerdos, todo bombardeaba los
pensamientos de Rodrigo, soñaba con su madre, la imagen de la sangre saliendo
de sus muñecas, esa imagen estaba pasmada ante los ojos de él, no podía despejar
su mente, quería respuestas, quería saber porque su mamá se había despojado de
su propia vida, y las respuestas empezaron a colarse en su cabeza, él empezó a
escuchar la voz de su madre, ella le hablaba, a cada rato, todos los días, causándole
dolor de cabeza, Rodrigo dejó de hablarle a los demás, sólo se dedicaba a las
voces, y así poco a poco, se aisló de todo, se volvió maniático, en una
palabra, se convirtió en: loco.
Tratamiento incesable para que
Rodrigo supere el trauma, y al cabo de 20 años lo logra, ya no está loco, habían
anulado los recuerdos que le daban memorias deprimentes, el psiquiatra le da de
alta y le dice que empiece a vivir la vida. Rodrigo lo consigue, conoce a
Natalia, se enamoran y ese mismo año se casan, un matrimonio que se considero
apresurado, y sí, quizás lo fue, fue un matrimonio efímero, tuvieron un hijo,
lo llamaron Thiago, un alegre y carismático niño, pero desafortunadamente a los
pocos días de su cuarto cumpleaños, Natalia los abandona, sin dejar rastro, sin
remordimientos, estaba harta de que Rodrigo siguiera siendo extraño, al
comienzo no lo había notado, pero luego las manías de Rodrigo se intensificaron
y Natalia ya no lo soportaba.
Thiago fue creciendo, era un
chico calmado, ordinario, vivía solo con su padre y no causaba problemas, poco
antes de cumplir 16 años, una chica llamada Micaela llegó a su edificio, Thiago
era amable y se ofreció a enseñarle el lugar, durante el recorrido él se dio
cuenta que se sentía atraído hacia ella, Micaela era bonita, con un aire un
poco antiguo, se le veía melancólica, como pérdida en el pasado, era muy
atractiva, sin embargo los transeúntes no parecían mirarla, conversaron,
pasaron las horas, se rieron, se conocieron, y Thiago en ese breve tiempo se enamoró
de ella.
Micaela y Thiago empezaron a
tomar paseos a las cuatro de la tarde todos los días, ella era un poco extraña,
pero Thiago igual la quería, era raro ya que no iba al colegio, decía que recién
empezaría el año entrante, sus papás nunca eran vistos por el edificio y al
parecer no tenían carro puesto que no había ningún auto diferente en la
cochera. Así pasó un mes hasta que Thiago decidió preguntarle a Micaela si ella
deseaba ser su enamorada, ella hizo una mueca irrisoria y aceptó.
Las vacaciones empezaron y Thiago
le ofrecía a Micaela salir a pasear más temprano, pero ella se rehusaba a
salir, siempre diciendo que a partir de las cuatro de la tarde podía, que antes
le era imposible a causa de que tenía órdenes estrictas de su padre, él cual quería
que ella se pusiera al día por lo que había perdido el año escolar. Además solo podía estar afuera hasta las 7pm.
Una tarde de febrero, Micaela fue
a la casa de Rodrigo y Thiago para ver una película con este último, mientras
la veían, en la planta inferior de la casa Rodrigo recibía la visita de su
hermano Nicolás, este era parco, remiso y taciturno, su aparición inesperada en
la casa de su hermano solo consistía en dejarle un álbum de fotos muy antiguas,
que había pertenecido a su madre.
-Siéntate por favor - ofreció Rodrigo
a su hermano.
- No tengo mucho tiempo, mi
visita solo era para dejarte el álbum de nuestra madre.
- Lo aprecio, pero, me gustaría charlar
brevemente contigo.
- Está bien- dijo Nicolás sentándose
al lado de su hermano.
- Nunca me la hubiese imaginado,
era preciosa – comentó Rodrigo sosteniendo una foto de Daniela en sus manos.
- Lo sé, solo contaba con 16 años
en esa fotografía.
- Por fin comprendo – dijo Rodrigo
con un profundo suspiro.
-¿Comprender qué?
- Thiago tiene enamorada, cada
vez que la veo me hace acordar a alguien y ahora entiendo que es idéntica a
nuestra madre.
- Eso es poco común – dijo Nicolás
vacilante.
- Es más, ella está arriba con tu
sobrino.
- Vamos, me intriga verla – dijo Nicolás.
Subieron las escaleras y ambos
llegaron a la habitación de Thiago, la puerta estaba abierta.
- Hola tío – dijo Thiago desde su
cama donde Micaela se encontraba sentada al lado de él.
-Hola sobrino, gusto de verte.
- ¿Lo ves? – pregunto Rodrigo.
-¿Ver qué cosa? – preguntó Nicolás.
- Ver que su enamorada es idéntica
a nuestra madre de joven.
- Para decir eso primero tendría que
verla.
-Pero ella está sentada ahí a su
lado.
- Al lado de Thiago no hay nadie.
- ¿Cómo que no hay nadie? , ella
es Micaela es mi enamorada.
- No entiendo que pretenden, esto me empieza a perturbar – dijo Nicolás con
tono fastidiado – la verdad que yo no veo a ninguna chica en esta habitación.
- Y como nosotros sí podemos
verla – dijo Thiago mirando a su papa desconcertadamente.
- No sé si a ustedes les parece,
pero esto ya abarca nuestra salud mental, solo recomiendo salir con la
enamorada de Thiago a la calle, a ver si la gente la ve.
- Me parece una buena idea – concordó
Rodrigo.
Salieron a la calle, y para
sorpresa de Rodrigo y Thiago, Micaela se para en la mitad de la vereda, un
tumulto de gente pasó por donde estaba ella, atravesando su cuerpo, como si
este no fuera de verdad, y así ella se fue desvaneciendo entre la multitud,
nadie la había visto en la calle, no se inmutaron que había una persona parada ahí,
Thiago fue corriendo hacia el portero preguntándole por Micaela, este le respondió
que no conocía a ninguna chica con ese nombre, Rodrigo le dijo que se había mudado
al piso 3 hace poco, pero para la turbación de ambos, el portero respondió que
nadie se había mudado en los últimos 4 años al edificio. Ambos voltearon hacia Nicolás
que observaba atónito.
-Entonces, ¿solo ustedes dos la veían?
– les preguntó.
-No lo entiendo, ella estaba ahí en
medio de la calle y luego se desvaneció – dijo Thiago realmente aturdido.
-Las personas no se desvanecen,
los espíritus sí – dijo Nicolás.
Por Humberto Delgado y Megumi Arakaki.


buenasoo!
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