martes, 9 de julio de 2013

Las personas no se desvanecen, los espíritus sí.

Las personas no se desvanecen, los espíritus sí.

Era 1970, Madrid, España. Diego y Daniela se casan en una soleada tarde de primavera, eran jóvenes, Diego tenía 23 años y Daniela recién cumpliría 21.

Cinco años más tarde, en 1975, Daniela y Diego ya tenían 2 hijos, Rodrigo de casi 5 años y Nicolás de 3.Era invierno, frio y crudo, un crepúsculo anaranjado con la noticia más devastadora de todas, una amiga visita a Daniela y le cuenta apenada que ha descubierto que Diego la engaña con una amiga de ambas, Daniela entra en shock, le agradece a su amiga por la información y esta se retira. Rodrigo llega de jugar en el jardín con Nicolás, pasan por la cocina para tomar unos refrescos y encuentran la bandeja con el lonche de su madre en la mesa. La niñera de Nicolás lo carga y se lo lleva para bañarlo, Rodrigo le pide permiso para ir a dejarle el lonche a su a Daniela antes de bañarse, su niñera acepta y el va a dejarlo.

Al llegar a la habitación de Daniela, Rodrigo encuentra la puerta abierta, entra y deja la bandeja sobre la cama, Daniela no estaba ahí, pero se escuchaba el agua cayendo en la tina, Rodrigo va al baño y ve la cabeza de su madre reposando en la tina, a ella le encantaba relajarse y echarse un ratito cuando se bañaba, él se fue acercando para besar la frente de su mamá, la amaba y quería sorprenderla, se fue acercando y notó que el agua estaba roja, cuando llegó al pie de la tina se dio cuenta de lo que pasaba, el agua estaba roja, roja de sangre, sangre que brotaba de las muñecas de su mamá, su mamá, la persona que él más amaba en el mundo, se había suicidado, y la sorpresa era muy grande, lo suficiente para quedarse trastornado. Gritó, fue lo único que pudo hacer en ese momento, los días que siguieron fueron terribles, lágrimas, recuerdos, todo bombardeaba los pensamientos de Rodrigo, soñaba con su madre, la imagen de la sangre saliendo de sus muñecas, esa imagen estaba pasmada ante los ojos de él, no podía despejar su mente, quería respuestas, quería saber porque su mamá se había despojado de su propia vida, y las respuestas empezaron a colarse en su cabeza, él empezó a escuchar la voz de su madre, ella le hablaba, a cada rato, todos los días, causándole dolor de cabeza, Rodrigo dejó de hablarle a los demás, sólo se dedicaba a las voces, y así poco a poco, se aisló de todo, se volvió maniático, en una palabra, se convirtió en: loco.

Tratamiento incesable para que Rodrigo supere el trauma, y al cabo de 20 años lo logra, ya no está loco, habían anulado los recuerdos que le daban memorias deprimentes, el psiquiatra le da de alta y le dice que empiece a vivir la vida. Rodrigo lo consigue, conoce a Natalia, se enamoran y ese mismo año se casan, un matrimonio que se considero apresurado, y sí, quizás lo fue, fue un matrimonio efímero, tuvieron un hijo, lo llamaron Thiago, un alegre y carismático niño, pero desafortunadamente a los pocos días de su cuarto cumpleaños, Natalia los abandona, sin dejar rastro, sin remordimientos, estaba harta de que Rodrigo siguiera siendo extraño, al comienzo no lo había notado, pero luego las manías de Rodrigo se intensificaron y Natalia ya  no lo soportaba.

Thiago fue creciendo, era un chico calmado, ordinario, vivía solo con su padre y no causaba problemas, poco antes de cumplir 16 años, una chica llamada Micaela llegó a su edificio, Thiago era amable y se ofreció a enseñarle el lugar, durante el recorrido él se dio cuenta que se sentía atraído hacia ella, Micaela era bonita, con un aire un poco antiguo, se le veía melancólica, como pérdida en el pasado, era muy atractiva, sin embargo los transeúntes no parecían mirarla, conversaron, pasaron las horas, se rieron, se conocieron, y Thiago en ese breve tiempo se enamoró de ella.

Micaela y Thiago empezaron a tomar paseos a las cuatro de la tarde todos los días, ella era un poco extraña, pero Thiago igual la quería, era raro ya que no iba al colegio, decía que recién empezaría el año entrante, sus papás nunca eran vistos por el edificio y al parecer no tenían carro puesto que no había ningún auto diferente en la cochera. Así pasó un mes hasta que Thiago decidió preguntarle a Micaela si ella deseaba ser su enamorada, ella hizo una mueca irrisoria y aceptó.

Las vacaciones empezaron y Thiago le ofrecía a Micaela salir a pasear más temprano, pero ella se rehusaba a salir, siempre diciendo que a partir de las cuatro de la tarde podía, que antes le era imposible a causa de que tenía órdenes estrictas de su padre, él cual quería que ella se pusiera al día por lo que había perdido el año escolar.  Además solo podía estar afuera hasta las 7pm.

Una tarde de febrero, Micaela fue a la casa de Rodrigo y Thiago para ver una película con este último, mientras la veían, en la planta inferior de la casa Rodrigo recibía la visita de su hermano Nicolás, este era parco, remiso y taciturno, su aparición inesperada en la casa de su hermano solo consistía en dejarle un álbum de fotos muy antiguas, que había pertenecido a su madre.

-Siéntate por favor - ofreció Rodrigo a su hermano.
- No tengo mucho tiempo, mi visita solo era para dejarte el álbum de nuestra madre.
- Lo aprecio, pero, me gustaría charlar brevemente contigo.
- Está bien- dijo Nicolás sentándose al lado de su hermano.
- Nunca me la hubiese imaginado, era preciosa – comentó Rodrigo sosteniendo una foto de Daniela en sus manos.
- Lo sé, solo contaba con 16 años en esa fotografía.
- Por fin comprendo – dijo Rodrigo con un profundo suspiro.
-¿Comprender qué?
- Thiago tiene enamorada, cada vez que la veo me hace acordar a alguien y ahora entiendo que es idéntica a nuestra madre.
- Eso es poco común – dijo Nicolás vacilante.
- Es más, ella está arriba con tu sobrino.
- Vamos, me intriga verla – dijo Nicolás.

Subieron las escaleras y ambos llegaron a la habitación de Thiago, la puerta estaba abierta.

- Hola tío – dijo Thiago desde su cama donde Micaela se encontraba sentada al lado de él.
-Hola sobrino, gusto de verte.
- ¿Lo ves? – pregunto Rodrigo.
-¿Ver qué cosa? – preguntó Nicolás.
- Ver que su enamorada es idéntica a nuestra madre de joven.
- Para decir eso primero tendría que verla.
-Pero ella está sentada ahí a su lado.
- Al lado de Thiago no hay nadie.
- ¿Cómo que no hay nadie? , ella es Micaela es mi enamorada.
- No entiendo que pretenden,  esto me empieza a perturbar – dijo Nicolás con tono fastidiado – la verdad que yo no veo a ninguna chica en esta habitación.
- Y como nosotros sí podemos verla – dijo Thiago mirando a su papa desconcertadamente.
- No sé si a ustedes les parece, pero esto ya abarca nuestra salud mental, solo recomiendo salir con la enamorada de Thiago a la calle, a ver si la gente la ve.
- Me parece una buena idea – concordó Rodrigo.

Salieron a la calle, y para sorpresa de Rodrigo y Thiago, Micaela se para en la mitad de la vereda, un tumulto de gente pasó por donde estaba ella, atravesando su cuerpo, como si este no fuera de verdad, y así ella se fue desvaneciendo entre la multitud, nadie la había visto en la calle, no se inmutaron que había una persona parada ahí, Thiago fue corriendo hacia el portero preguntándole por Micaela, este le respondió que no conocía a ninguna chica con ese nombre, Rodrigo le dijo que se había mudado al piso 3 hace poco, pero para la turbación de ambos, el portero respondió que nadie se había mudado en los últimos 4 años al edificio. Ambos voltearon hacia Nicolás que observaba atónito.

-Entonces, ¿solo ustedes dos la veían? – les preguntó.
-No lo entiendo, ella estaba ahí en medio de la calle y luego se desvaneció – dijo Thiago realmente aturdido.
-Las personas no se desvanecen, los espíritus sí – dijo Nicolás.

Por Humberto Delgado y Megumi Arakaki.
Old picture


1 comentario:

Comenta ¿Sí?: