miércoles, 10 de julio de 2013

Viejos Amigos

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      -¡Víctor!, tráeme una taza de café.
-         -¿Está seguro doctor Vuntich?, esta es su décima taza.
Estas palabras eran muy sonadas en la oficina de Giorko Vurtich, que desde hace un buen tiempo había estado ocupado resolviendo los problemas mentales de todos los pacientes que iban a su consultorio. Giorko era un psicólogo de alto prestigio, podía resolver los grandes problemas de las personas y se especializaba en casos de psicología clínica.
Una fría noche de invierno, Víctor estaba cansado de los mandados del doctor. Todo el día le había estado ordenando hacer ciertas cosas que realmente lo habían saturado. Sin pensarlo dos veces, el asistente decidió pedirle permiso a su jefe para poder retirarse a sus aposentos y descansar ya que estaba totalmente agotado. El doctor  accedió fácilmente a su pedido sin prestarle mucha atención, quedándose solo en su oscuro y gran consultorio. Este consultorio fue parte de la herencia que Giorko recibió por parte de sus abuelos paternos. En ese lugar había pasado gran parte de su niñez, era el único nieto, por lo que al verse solo no tardó en crearse un amigo imaginario, que lo acompañaba a todas partes y siempre estaba presente para él.  Fue tanta la conexión entre Giorko y su amigo imaginario que al transcurrir el tiempo este no se iba de su pensamiento, llegando al punto de poder visualizarlo. Esto llegó a ser un gran problema para él, ya que su familia tuvo preocupaciones pensando que tenía algún tipo de alteración mental. A consecuencia de todo este suceso, sus padres terminaron por internarlo en un hospital psiquiátrico. Fue en ese momento donde adquirió la pasión por su profesión, interesándose por la gran ayuda brindada por parte de los psicólogos y psiquiatras.
Después de  concluir todo el trabajo correspondiente, el psicólogo se puso a meditar en la oscuridad de su consultorio. Estuvo recordando todos los momentos transcurridos en aquella casa. Recordando los divertidos momentos que había pasado con su amigo imaginario en el largo pasadizo de la casa de su abuelo. Estuvo recordando con una sonrisa marcada en la cara, le daba mucha gracia el hecho de tener a su amigo imaginario. Estuvo meditando un  largo tiempo cuando de repente sintió una fina mano que lo cogía por el hombro, sufriendo un escalofrío por todo el cuerpo.
-          -No quise asustarlo doctor.
-          -¿Quién eres tú? ¿Qué haces aquí? – respondió el doctor en un tono de voz nervioso.
-          -Soy Edward, he venido porque el hospital Claux me ha dicho que lo que necesito es ayuda psicológica.
-          -Yo te puedo ayudar con eso, pero primero me gustaría saber cómo lograste entrar.
-          -Bueno, la verdad es que encontré la puerta abierta y yo sabía que usted estaba adentro.
El doctor se quedó un poco extrañado, pero no tuvo temor alguno en platicar con el enfermo mental. Estuvo hablando mucho tiempo con el señor, no sentía que este estaba mal de la cabeza. Sus palabras tenían sentido y sus oraciones ilación, lo que era raro en algunas personas con esquizofrenia.
Giorko se sentía muy relacionado con esta persona, tenían los mismos puntos de vista, a ambos les encantaba el equipo local de futbol minskense, además aunque le pareció muy extraño, Edward le decía que había asistido al colegio número 8 de Minska, el mismo al que había ido el doctor. Todo era muy raro, Giorko sentía que esta persona había seguido sus mismos pasos en la historia de su vida.
-          -¿Y tú?, si te veo tan normal y con una vida tan ecuánime, ¿qué te hace venir a una consulta con un    psicólogo?
-         - Mi vida siempre me ha parecido muy bella, he podido tener todo lo que he querido, no pude vivir con mis padres ya que ellos habían fallecido cuando yo tenía una corta edad. Pero esto no fue una limitación para mí, ya que fui acogido por un par de ancianos, los que cuidaron de mí, no hablaban mucho conmigo, pero yo tenía una amistad muy cercana con su nieto, sentíamos que éramos hermanos.
-          - Pero, ¿Qué pasó? ¿Acaso hay algo malo en todo esto?
-          -Hace mucho tiempo que él me dejó de lado, me sentía muy a gusto con él pero de un día para otro se olvidó completamente de mi existencia.
Giorko se quedó sin palabras, se sentía muy involucrado en todo lo que Edward le contaba. Se sintió muy triste por este pobre paciente y se le cayeron algunas lágrimas sintiendo un fuerte dolor dentro de sí.
-          -Gracias por haberme escuchado – dijo el paciente, respondiendo al silencio.
-          -No te preocupes, es parte de mi trabajo.

-          -Me siento bien de poder haberte dicho todo lo que siento y el mal que me has hecho...



       echo por : Sebastian Berrocal, Franco Sangali y Alvaro Granado

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