martes, 9 de julio de 2013

El extraño caso del estudio tras la pared

Hace un par de décadas, en 1963 para ser exactos, la señora Leila Solorzano estaba cocinando la cena en su pequeña cocina de hierro cuando su esposo, el señor Salustio Rosas, tocó la puerta de la pequeña casa de adobe en la calle "Los Murales" en el distrito del Cercado de Lima. Él venía con una terrible noticia, había perdido su trabajo de obrero y tenía muchas deudas. Entonces, Leila le dijo que deberían tener una conversación. Al borde de las lágrimas, Leila les sugirió a Salustio pedir ayuda a su amigo Thiago Dôsantos que trabajaba como supervisor en la lotería de Lima. Tomaron nerviosamente el tranvía en dirección al centro de la capital, para ver a su última esperanza.

Llegaron a la sede central de la lotería a las 14 horas. Preguntaron por Thiago y éste los recibió de inmediato, pues él y Salustio eran muy buenos amigos. Ellos le explicaron su situación deplorable y él les dijo que tenían mucha suerte, pues él había descubierto la manera de falsificar el boleto ganador del premio mayor. De su escritorio, Thiago sacó un boleto en blanco y lo rellenó con los números ganadores del siguiente sorteo. Pero les advirtió que cuando cobraran el premio tuvieran identidades falsas, para que no pudieran ser rastreados.

El domingo siguiente, día del sorteo, fueron a la estación del tranvía donde sabían que se escucharían los resultados. Como les dijo Thiago, reclamaron su premio con identidades falsas. Tras el éxito de la operación encubierta, se dirigieron rápidamente al banco de la vivienda y depositaron el cheque en su cuenta. No lo podían creer, ahora eran millonarios.

Tomaron un taxi de regreso a su casa. Avanzaron a través de la avenida Javier Prado admirando las mansiones de esa zona cuando llegaron a casa, tomaron algunas decisiones. Primero decidieron comprar una casa. Lila recordó una famosa casa en venta en Monterrico muy bonita. Se contactaron con el vendedor, Catalino de la Puente, que les ofreció una buena oferta por el inmueble: Sin dudarlo aceptaron y comenzaron a gestionar la mudanza, tras la charla con Catalino.

Al día siguiente, mientras desayunaban tranquilamente, bebiendo una taza de café con leche, recibieron una llamada de Catalino, lo cual era muy extraño pues nadie llamada a esas horas de la mañana. Al contestar, notaron la voz de Catalino alterada y nerviosa y les dijo que les podía ofrecer un camión de mudanza gratuito ese mismo día pero ellos le respondieron que no lo necesitarían, pues no se iban a llevar nada de su casa. Sin embargo, agradecieron su ofrecimiento. Entonces Catalino les dijo que la casa estaba dispuesta y que podrían ocuparla ese mismo día.

A las tres de la tarde, después de haber almorzado en el conocido restaurante Don Fernando se dirigieron a su nueva casa en la calle Manuel Olguín donde Catalino los esperaba ansiosamente en la puerta.

-Buenas tardes, los estaba esperando-dijo Catalino

Enseguida les entregó un manojo de llaves, se despidió apresuradamente y se fue.

-Qué extraño-le dijo Salustio a Leila.

-Sí, que hombre para más raro-le contestó ella.

-Entremos, pues a nuestro nuevo hogar-dijo Salustio

-Sí, tengo mucha curiosidad por ver cómo será-afirmo Leila

Al entrar, llenos de emoción, se toparon con una casa muy moderna, totalmente amueblada y muy bien iluminada pues tenía grandes ventanales quedaban el patio trasero. Luego de esto, fueron explorar todos los ambientes de la casa y les parecieron maravillosos excepto el estudio que no poseía mucha iluminación y en el cual se sentía una extraña sensación de pesadez en el aire.

Esa noche, tras la deliciosa cena preparada por ella, los felices esposos se dispusieron a dormir, pues habían tenido un día lleno de emociones.

Sin embargo, esa noche Leila se despertó repentinamente a altas horas de la madrugada perturbada por unos ruidos extraños, que se asemejaban a objetos en movimiento. Asustada, despertó a Salustio pero cuando él se había incorporado, los sonidos habían cesado.

-¿Oíste eso?-Dijo Leila asustada.

-Estás loca, mujer no oigo nada-replicó Salustio

-De repente fue el vino de anoche-le dijo.

-No te preocupes, debió ser eso, vuelve a dormir-dijo su marido ya en posición relajada.

En la mañana, luego de desayunar, Leila llena de curiosidad, fue a inspeccionar todas las habitaciones para ver si algo andaba mal pues seguía asustada por lo ocurrido esta madrugada. Leila se dio cuenta que en el pasillo que da al estudio ya no estaba el cuadro que había estado allí. Eso le pareció extraño, pero lo que vio después le heló la sangre. Los libreros estaban en el suelo y todos los libros desparramados. La mesa estaba volteada y el piso estaba recubierto de papeles. Leila llamó inmediatamente a Salustio para que vea la horrible escena. El impactado creyó que habían robado la casa pero se dio cuenta que no era así, pues su jarrón de oro seguía allí. Entonces, atribuyeron el desastre a un temblor que no sintieron.

Al día siguiente, en la noche para ser precisos, ocurrió una espantosidad que dejó atónito al señor Salustio. Estaba revisando unos documentos en el estudio ya arreglado, cuando de pronto sintió una leve falta de aire pero sólo un segundo después, sintió claramente una mano en la garganta que lo dejó sin aire y casi llega el punto de la inconsciencia, pero logró volver en sí en poco tiempo. Espantado, fue corriendo donde su amada a contarle lo sucedido. Ella, preocupada y desesperada, echó a llorar ya que no aceptaba que la casa de sus sueños estuviera maldecida. Con esos pensamientos durmieron perturbados esta noche de luna llena.

Ya al amanecer, el señor Salustio tenía una solución. Sin siquiera desayunar, buscó el número de teléfono del psíquico más reconocido de Lima. Era un extranjero, ucraniano exactamente, de unos 50 años con el cabello canoso, de 1 m 80 y de piel blanca: era el doctor Dimitri Petrovitch. Le rogaron que viniera ese mismo día ofreciéndole el doble del pago normal.

-Ven lo antes posible-le rogó Salustio.

-Iré lo más rápido que pueda-contestó.

-Nos haces un gran favor al venir-dijo Salustio.

-Es mi deber-replicó

Esa tarde, ni bien llegó Dimitri, lo condujeron por toda la casa pero él dijo que todo parecía normal. Cuando llegaron el estudio, Dimitri se quedó quieto con los ojos muy abiertos y pensativos.

-Hay algo aquí que no es normal-dijo el psíquico.

Palpó todos los muebles del estudio y se detuvo al palpar la pared del fondo. Dijo que sentía una energía negativa que era emanada de la pared. Asombrado, Salustio fue al garaje en busca de un pico.

-Voy a acabar con esto de una vez por todas-dijo con furia Salustio.

-¡Señor espere! ¡Hay que pensarlo bien antes de…! - Dijo Dimitri asustado.

Pero ya era tarde, pues Salustio había destrozado la pared y se dio cuenta que sólo tenía unos centímetros de grosor. Tras unos magullados más la pared colapsó y dejo expuesto un segundo estudio. Uno se podía dar cuenta que nadie había estado ahí en años, pues había una acumulación de polvo increíble.

Dimitri ingreso temeroso a ese viejo estudio e inmediatamente sintió una fuerza que le causó un terrible dolor de cabeza. Detectó que está era originada de un librero muy antiguo en la esquina más oscura del estudio. Intentó retirar un viejo libro para examinarlo que llamaba su atención, sin embargo al momento de retirarlo el librero comenzó inclinarse, Y por sólo medio metro no hirió Dimitri. Al caer el librero se levanta una nube de polvo y cuando se dispersó, dijo a la vista un extraño cuadro que enmarcaba un sospechoso documento.

Intrigados, se acercaron examinaron el documento y se dieron cuenta que se trataba de un trato con el innombrable.

-No puede ser - dijo Dimitri.

El documento tenía varias cláusulas y una de ellas especificaba que el inmueble de residencia del contratante sería hora de propiedad de innombrable indefinidamente, con una firma de sangre al final del documento a cambio del saber absoluto.

Dimitri explicó a la pareja la gravedad del asunto y les recomendó que abandonara la casa inmediatamente. Ellos, sin dudarlo abandonaron la casa y la pusieron en venta.

Actualmente, la familia Rosas vive en Holanda y la casa de Monterrico sigue abandonada hasta estos días, esperando el próximo comprador.

Rodrigo Antezana y Marco Del Río

5 comentarios:

  1. OLA KE ASE ESCRIBIENDO UN CUENTO FANTASTICO O KE ASE

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  2. tu ya sabes quien soy mi gatitoo9 de julio de 2013 a las 22:23

    Marco me vuelves loca. TE AMO BEBE, DOS MESES JUNTOS!

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  3. muñecooo guapooooooooooooooooooooooooooooooo <3 <3 <3 <3 <3 <3

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  4. La historia me parecio interesante, pero creo que le falto un poco de descripcion para que el lector pueda visualizar con mas facilidad la situacion :)

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