miércoles, 10 de julio de 2013

La blanca pared

Su departamento era totalmente blanco, sólo habían 2 puertas en la casa, la principal y la del cuarto de su amigo. Sobraba una caja llena de cables de cosas electrónicas porque acababan de mudarse y no había espacio suficiente. Es por eso que Ludgardo , como buen amigo y cuidador, decidió guardar la caja en el ropero.
Adecuándose a vivir en la Urbe, le era más complejo a Ludgardo adaptarse a la crisis de esquizofrenia que su amigo constantemente sufría : los altos edificios, uno detrás del otro ,los semáforos y la infinita cantidad de autos ,caminar para ludgardo era toda una aventura ,mientras que para su compañero era una tortura.Cuando estaban a punto de entrar a una tienda para comprar café pan,leche entre otras cosas, Ludgardo atravesó la puerta de la tienda pero no sintió los pasos de su amigo al costado de los suyos. Se había quedado parado, en el marco de la puerta. Ludgardo se volteo y siguió comprando.Le pareció extraño que no entrara pero no le tomo mucha importancia,terminó sus compras y partieron el regreso a casa y partieron de regreso a casa.
A Ludgardo no le parecía muy difícil vivir con un esquizofrénico, porque sabía que la enfermedad era controlable y también porque se había acostumbrado a sobrellevar esta enfermedad con su amigo.
Pero su amigo sentía que era una molestia para él y eso hacía que se sintiera una carga. Esto le causaba tristeza y cólera, apoderándose del poco a poco.Para él, esta era la parte más inaceptable de su enfermedad.
La relación que tenían con sus vecinos era distante pero una mañana Ludgardo salió a recoger el periódico y se encontró con una vecina que estaba saliendo. Sus ojos se internaron en los de la chica y pasó lo mismo con ella. Se saludaron y llevando un tema a otro, se quedaron conversando una hora. El tiempo pasó y empezaron a salir y Ludgardo cegado por sus sentimientos hacia la chica empezó a olvidar poco a poco a su fiel amigo.
Acostumbrándose a vivir sin compañía de un cuidador, el olvidado amigo de Ludgardo se encontraba en una soledad confusa y muy frustrante. Él siempre había sido consciente que algún día tendría que aprender a valerse por sí mismo, aunque el sabia que seria difícil. Aturdido por la gente, el ruido y la cantidad de cemento por el que tenía que atravesar diariamente ,cada vez que tenía que trabaja o comprar algo, lograba felizmente regresar a casa. Lo bueno era que se acordaba perfectamente del horario de su medicina. La presencia de Ludgardo era lo que más extrañaba y lo que más le reprimía en comparación a adecuarse a valérselas por sí solo.
Una noche muy tranquila, con la presencia de Ludgardo, recordaba la seguridad que le daba estar con su amigo .Entonces confiado por su presencia olvido tomar su pastilla.Agotado, se dirigió a su dormitorio donde extendiendo su cuerpo sobre su cama cerró los ojos. Pero el sueño se le hizo lejano.Pensaba y pensaba en que ya estaba dormido pero no podría estar más despierto.Finalmente abrió los ojos y los cerró nuevamente y esta vez quedo absorvido por el cansancio lo cual lo llevo a un profundo sueño.
A mediados de la madrugada,Ludgardo abrió su ropero y sacó suavemente los cables que se encontraban tenebrosos en el fondo.Los colocó sobre su espalda y salió de su departamento,dio un par de pasos y abrió la puerta vecina.Sigilosamente camino sobre la entrada,la sala,la cocina y ,ahora, el dormitorio de su amada.Envolvió los cables con cariño y dulzura alrededor de su cuello.Lo hizo con tal paciencia y suavidad que parecían sus manos sobre el cuello de la chica pero ,en realidad, sus manos se encontraban detrás de su cuello cada una sujetando con amargura los extremos el cable.
Ludgardo acercó sus labios hacia el oído de la chica y le dijo con cariño y ,a la vez, con odio “Te amo”.Entonces jaló los extremos de los cables hasta que la víctima dejó de moverse desesperadamente. Y los muertos ojos de la chica se abrieron y,al instante, la mirada tímida y asustada del casi olvidado amigo de Ludgardo se clavó en la blanca pared que estaba en frente de su cama.

No podía mover ni un solo brazo o pierna.Estaba entre medio sentado y medio recostado sobre su mesa.Se le observaba muy incomodo con ganas de quedarse en esa posición toda su vida.No distinguía la realidad de lo soñado,hasta la plana y sombría pared blanca se le hacía complicada.Pensando en cual sería su próximo movimiento ,bajo sus piernas para ponerses unos zapatos y cuando dio el primer paso resbaló lo necesario como para caer sobre una rodilla al piso.Y ahí estaba la sangre y el cadáver.

                                                     FIN

   
   Camila Flores y Claudia Orihuela

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