Eran las ocho de la noche, y el taxi aun no llegaba a su casa. Tamara estaba ansiosa y ya no podía esperar más. Por fin sonó el timbre y rápidamente cogió sus maletas y salió. Debían apurarse. Su vuelo partía a las 9pm. El taxista le sugirió tomar un atajo y ella en su desesperación aceptó. En un abrir y cerrar de ojos aparecieron en una de las calles mas oscuras y frías de Lima. De pronto, un auto pasó frente a ellos a gran velocidad, lo cual obligó al taxista frenar bruscamente. Esto provocó además que Tamara se chocara contra el asiento de adelante y se golpeara fuertemente la cabeza, ya que no se había abrochado el cinturón. Aturdida volvió a su asiento y muy lentamente se abrochó el cinturón. Miró su reloj, le quedaba 20 minutos para abordar el avión. Por suerte estaban a una cuadra del aeropuerto.
Cuando por fin llegaron, Tamara se bajó muy rápido. Gracias a que tenia una tarjeta Premium paso fácilmente por todos los tramites. El llegar a la puerta de embarque, ella era la única que faltaba, por lo que partieron al instante. Al inicio del vuelo, todo fue muy tranquilo. Tamara estaba muy cansada y en poco tiempo se quedó dormida.
Se despertó cuando sintió que sus piernas se mojaban. Y al abrir los ojos se dio cuenta que la a aeromoza había derramado la gaseosa sobre ella, pues al pasarle la bebida a la persona que se encontraba a su costado, este no había cogido bien el vaso y se le cayó. Tamara disgustada fue al baño a limpiarse.
Estando allí, escucho al piloto que anunciaba que se abrochen los cinturones pues se acercaban a una zona de turbulencia. Así que se apuró en limpiarse el pantalón. Pero el tiempo le ganó, y la turbulencia comenzó antes que ella termine de limpiarse. Tamara optó por quedarse en el baño hasta que acabase, pues pensaba que era lo más seguro. Para su mala suerte, la turbulencia fue mas fuerte de lo que esperaba. Entró en pánico y cuando se dispuso a abrir la puerta, esta estaba atascada. Por la desesperación, grito por ayuda, pero nadie la escuchó. De pronto, otro anuncio fue dado. El piloto informaba que había perdido el control. Estaban descendiendo a gran velocidad. Debían estar preparados para el impacto. Tamara escuchó los gritos de los pasajeros y se desesperó más que nunca. Trato una vez más de abrir la puerta, pero este intento fue fallido; por el susto se desmayó quedando inconsciente.
Cuando Tamara volvió en sí, un muchacho trataba de sacarla del baño. El avión ya no estaba en movimiento. Cuando lograron salir no sabía si lo que veía era cierto. Se encontraba frente al mar. Otro sobreviviente se acercó para ver como se encontraba y le explicó todo lo que había sucedido. El avión se había estrellado contra esta isla. El piloto, el copiloto y varios pasajeros más habían muerto. Fue llevada al grupo de sobrevivientes y se percató que solo quedaban 13 personas entre hombres, mujeres y niños.
Tamara se sentó junto a ellos. Todos estaban en un estado de shock y no paraban de gritar, ella estaba en silencio ya que creía que era la única manera en la que podía asimilar lo sucedido. Veía a una pareja con niño; la mamá del pequeño estaba llorando: Tamara quería tratar de acercarse a consolarla, pero no pensaba que era lo correcto ya que no la conocía. También vio a dos chicas de aparentemente 17 años que no paraban de gritar, había una mamá que trataba de tranquilizar a sus dos hijos que estaban asustados. Al otro lado, vio a un chico y a una chica que conversaban, cuando volteó la mirada vio a otro chico que estaba como ella en silencio, pero tenia una mirada triste en sus ojos.
De pronto Tamara se comenzó a sentir mareada y escuchó que el chico que la había sacado del baño del avión gritó “Tranquilícense, gritando no vamos a solucionar nada”. El chico con mirada triste se paro y se acercó al grupo y calmadamente dijo: “¡Ya basta! Todos tenemos que calmarnos”. Poco a poco todos se callaron y se acercaron formando un grupo, mientras que las dos chicas seguían gritando alejadas de los demás, hasta que se dieron cuenta que todos las estaban mirando e inmediatamente se callaron y luego dispusieron a unirse al grupo. Tamara miraba a todos aun en shock y luego el chico con mirada trisTe dijo: “Creo que lo primero que tenemos que hacer es tranquilizarnos y presentarnos. Yo me llamo Rafael y tengo 39 años”.
Una voz de hombre se escuchó y decía: ”Mi nombre es Daniel, tengo 36 años y soy arquitecto, ella es mi esposa Miranda, este es mi hijo Santiaguito y somos de Chile”. Luego una chica se levantó y dijo: ”Mi nombre es Natalia, el es mi esposo Erick Eduardo, los dos somos dentistas y venimos de Perú” Seguidamente Tamara se presentó diciendo que era bióloga y tenía 27 años. Después de ella habló el chico que la había sacado del avión. “Yo soy Lucas, tengo 29 años, soy médico y argentino”. A continuación habló un señora que tenia dos hijos “Me llamo Diana, soy diseñadora, tengo 38 y estos son mis hijos Felipe y thais de 10 y 8 años”. En seguida hablaron las dos chicas “Nosotras somos Alexia y Lucia somos peruanas y tenemos 17 años”. Finalmente habló tímidamente un niña “Mi nombre es Lorena, tengo quince y vengo de Perú”.
Cuando todos terminaron de presentarse Rafael se paró y sugirió que los hombres deberían ir a explorar la isla para ver si es que estaban realmente solos o tenia alguna compañía y si podían encontrar víveres y refugio. Y que las mujeres se quedasen con los niños para cuidarlos y para que también vean si algún barco se acercaba. Tamara muy asustada siguió las indicaciones de Rafael y fue a hablarle a Lorena pues notó que estaba sola y asustada.
Lorena le contó que sus papás estaban separados y que ella viajaba cada año a visitar a su papá por su cumpleaños a Santo Domingo pues cuando se separaron, él se fue a vivir ahí, y que esta era la primera ves que ella viajaba sola porque anteriormente su papá iba a visitarla para celebrar su cumpleaños. Tamara le contó que ella estaba yendo a Santo Domingo para realizar una investigación que la ayudaría con su trabajo. Siguieron hablando y no se dieron cuenta de lo rápido que pasó el tiempo.
Pronto llegaron todos los hombres. Sin embargo, lo único que traían eran pedazos de tronco y algunas frutas. Como ya estaba anocheciendo, decidieron hacer una fogata y repartirse las frutas, pero guardando un poco para el día siguiente.
Durante la fogata, Tamara se dio cuenta que Lucas la estaba mirando y él sabiendo que Tamara ya lo había notado no hacía nada para ocultarlo. Se acercó a ella y empezaron a hablar. Fue ahí cuando Tamara sintió algo que le decía que él era un chico especial. Platicaron de diversos temas que incluían desde cuándo era su cumpleaños hasta cuál era su escritor favorito.
En el momento en que Lucas se paró a coger mas frutas, Tamara empezó a escuchar, a lo lejos, sonidos extraños, se asustó pero al parecer nadie más los oía pues ninguno se inmutaba, por lo tanto decidió ignorarlos. Sin embargo, poco a poco estos empezaron a hacerse más fuertes. Se paró para analizar el lugar. Los extraños sonidos parecían provenir de los arboles. Y de pronto pararon de escucharse. Tamara seguía asustada y cuando volteo para regresar junto a Lucas, se dio cuenta que Lorena estaba llorando.
Tamara se acerco a ella y le hizo señales a Lucas para que la siga. Ambos le preguntaron a Lorena porque estaba tan triste, pero ella no respondió, y simplemente siguió llorando. Lucas se sentó junto a ella y la abrazó hasta que se tranquilizó. Lorena le explicó que todavía no podía asimilar lo que había pasado. Los tres se recostaron en la arena, y hablaron. Pero pronto, el cansancio les ganó y se quedaron dormidos.
A la mañana siguiente, los primeros en levantarse fueron Felipe y Santiago. Eran casi de la misma edad, empezaron a jugar, parecía como si hubieran sido amigos de toda la vida. Después de un rato, la gran mayoría de sobrevivientes ya se habían levantado y se agruparon en el lugar en que habían colocado la fogata. Para el desayuno, lo único que tenían de comer eran las frutas de la noche anterior. Así que se las repartieron nuevamente.
Una vez acabado el desayuno, decidieron que tenían que nombrar a alguien como líder y Rafael fue elegido dado que era el que más edad y conocimientos de supervivencia tenía. Daniel sugirió que debían de construir refugios para pasar las frías noches allí. Así que usando los restos del avión y troncos de árboles construyeron los pequeños refugios, uno para cada familia o pareja. Tamara que estaba sola lo compartió con Lorena, y Lucas tuvo que compartir el suyo con Rafael.
Lorena se hizo amiga de Alexia y Lucía ya que eran casi de la misma edad. Aunque ellas eran de esas chicas que no eran muy inteligentes y solo pensaban en fiestas y chicos, Lorena, que era lo opuesto, no tuvo problemas con ellas.
Lucas y Tamara conversaban en la playa y cada vez se conocían más y más y poco a poco algo muy bonito surgió entre los dos.
Poco antes del medio día, Rafael sugirió ir a explorar la isla en busca de comida y agua. Todos los hombres fueron y las mujeres se quedaron para terminar de perfeccionar lo máximo que se podían los refugios para hacerlos seguros y evitar que en medio de la noche se derrumben. Lucas con mucha pena tuvo que dejar a Tamara, pero le prometió que no se demoraría mucho. Ella no sabía porque desde el momento en que Lucas se despidió ella ya comenzaba a extrañarlo.
Rafael, Lucas y los demás hombres caminaron y caminaron, sin embargo no encontraban ningún rastro de algún río. Lucas ya quería volver con Tamara porque no le gustaba la idea de que este sola. En su distracción, pisó mal y se cayó y rodó hasta que aterrizó en algo mojado que era una pequeña laguna con una cascada. Lucas, emocionado, gritó llamando a los demás y ellos fueron a ver qué había sucedido. Todos se emocionaron al ver la laguna y al poco tiempo vieron que había millones de peces nadando, optaron por improvisar lanzas con piedras y pedazos de cortezas de árboles, logrando así capturar suficientes peces para alimentar a todos los sobrevivientes durante ese día.
Al volver los hombres al campamento, decidieron hacer fuego usando los troncos de la noche anterior para cocinar el pescado. Todos comieron y se acabó rápidamente lo que habían sacado de la laguna, pues todos tenían mucha hambre. Ya estaba poniéndose el sol y Thaís se dio cuenta de que no estaban ni Erick Eduardo ni Natalia, en ese momento se percataron que no los habían visto desde esa mañana y se sorprendieron de no haberse dado cuenta antes.
Era ya muy tarde, y aunque buscaron por todos lados, no los encontraron. El día se oscureció rápidamente. No podían seguir buscando sin luz; además, podía resultar peligroso caminar dentro del bosque por la noche. Así que decidieron postergar la búsqueda para la siguiente mañana.
Todos estaban muy asustados y preocupados. Se preguntaban que les había podido ocurrir a Erick Eduardo y a Natalia. Se suponía que nadie más se encontraba en esa isla aparte de todos ellos. Descartada la idea de que alguien se los había llevado, la otra opción seria que ellos mismos se hayan escapado y escondido en la selva. Pero ¿por qué harían eso? No tenía sentido. Después de un rato sin poder dormir por su gran preocupación hacia la pareja, pudieron por fin descansar un poco.
Ni bien se despertaron, a la mañana siguiente, Rafael, Lucas y Daniel emprendieron una búsqueda a la selva. Mientras que las mujeres y los niños se quedaron en la playa.
Después de una larga búsqueda y haber caminado por la selva lo mas lejos que su cuerpo les permitía, acordaron volver al campamento pues creían que buscaban en vano. Preocupados y tristes tomaron el mismo camino para regresar. Pero de pronto, Daniel dejo de caminar y se quedo inmóvil mirando hacia la copa de un árbol. Cuando los demás se dieron cuenta, miraron hacia la misma dirección a la que la mirada de Daniel se dirigía. Todos se dieron un gran susto. No sabían que decir, no sabían que hacer.
Natalia y Erick estaban colgados boca abajo. Amarrados de las piernas con una especie de liana. Pero lo que aún era mas sorprendente es que ninguno de los dos tenían sus ojos. ¿Qué había sucedido? No lo podían entender. Alguien más se encontraba con ellos en aquella isla. Pero, ¿quién les haría tan terrible cosa? Todos seguían quietos y callados. Rafael fue quien rompió el silencio y dijo con dificultad que lo único que podían hacer en ese momento era enterrarlos. Pues a pesar que recién se habían conocido el día anterior, ya se habían vuelto amigos. Todos asintieron, y cuando Daniel camino hacia el árbol para bajarlos, sintió que estaba pisando algo que le provoco una extraña sensación; y cuando levanto el pie, vio debajo de este un ojo. Había pisado el ojo de Erick o de Natalia. Pero nadie dijo nada, ya no había nada que hacer. Los hombres acordaron que lo mejor era enterrarlos cerca de allí pues las mujeres y los niños podrían traumarse con tan espantosa muerte.
Caminaron hacia el otro lado de la playa y cavaron dos huecos lo bastante profundos para que quepan los dos cuerpos. Metieron a Natalia y Erick y taparon el hueco con arena. Hicieron un minuto de silencio y luego emprendieron camino hacia los refugios. Durante el camino, Rafael les comentó que lo mejor seria solo contarles a las chicas, para que estén más precavidas, por que si les contaban a los niños se podían a asustar mucho. Cuando llegaron, Lucas inmediatamente fue donde Tamara. En el mismo instante que Tamara lo vio, supo que algo estaba mal. Su rostro estaba triste y a la misma vez asustado. Le preguntó que había sucedido y él le contó la tragedia que le había sucedido a Erick y a Natalia.
Lorena se acercó hacia Tamara y le preguntó sobre lo que había pasado y ella le dijo que no los habían encontrado. Lorena tristemente asintió con la cabeza. Amabas decidieron ir a su refugio y quedarse ahí a descansar. De pronto, ya dentro de su choza, Tamara empezó a escuchar unos sonidos. Volteó para ver si era Lorena pero estaba en un profundo sueño. Los sonidos empezaron a hacerse más altos y Tamara notó que eran como voces, parecían voces de niños. Miró por la ventana a su alrededor y vio a Santiago y a Felipe jugando en la orilla de mar. Se habían hecho amigos desde que pisaron la tierra de esta isla. Tamara se dio cuenta que el mar se estaba retirando y la marea se estaba volviendo mas alta y les advirtió a los niños que tengan cuidado. En un abrir y cerrar de ojos la marea se volvió mucho más alta y las olas se volvieron gigantes. Santiago y Felipe asustados corrieron hacia los refugios pero no pudieron salvarse. Vino un maretazo y se los llevó. Tamara, desesperada, al ver lo que ocurría, corrió hacia el mar sin importarle las consecuencia e intentó buscarlos. Se sumergió en el agua pero lo único que veía adentro eran puras algas todo estaba lleno de algas no veía la luz. Cuando sacó su cabeza por un poco de aire se quedo petrificada. Estaba rodeada de ojos. Habían globos oculares por todos lado, todos ensangrentados y muertos. Tamara no sabía que hacer, era un mar de ojos. Empezó a tratar de ir hacia la orilla pero no había orilla. No tenía fin el mar de ojos. Cerró sus ojos y empezó a gritar desconsoladamente. Pronto, escuchó voces que le decían su nombre. Las voces eran de distintas personas pero había una en esencial que se le hacia muy familiar. Era la voz de su mamá. Se concentró más en esa voz y cuando abrió los ojos vio a su madre frente a ella. Se sentía muy extraña. Ya no sentía la viscosidad de los ojos a su alrededor. Estaba echada en una cama, sentía que estaba empapada de su sudor, pero a pesar de todo eso estaba seca. Cuando exploró con sus ojos los alrededor se dio cuenta que estaba en un hospital. ¿Cómo había pasado todo esto? ¿No estaba Tamara en una isla desierta en un mar de ojos ensangrentados? Su mamá, entre llantos, le explicó que había estado por 6 horas desmayada y que por fin había despertado. Ahí fue cuando Tamara se dio cuenta que todo lo que había ocurrido había sido un sueño. Nunca había llegado a una isla desértica, el avión nunca se había estrellado. Y es más, Tamara nunca había abordado el avión.
Camino al aeropuerto, el taxista que llevaba a Tamara se había chocado con otro auto en el que el conductor había estado bebiendo y estaba ebrio. Unos muchachos que vivían por esa calle. La habían encontrado inconsciente y al taxista muerto. Los chicos llamaron a emergencias y desde allí Tamara había estado en el hospital.
ana karina, ariana y fernanda