domingo, 21 de julio de 2013

¿Que paso el viernes 13?


Miércoles 11
Vasco, un chico de 15, al llegar del colegio entró a Facebook y vio que le había llegado una invitación a una fiesta el viernes 20. No conocía al organizador pero vio que muchos de sus amigos habían sido invitados. Cuando vio la cantidad de personas invitadas se sorprendió. Eran mas de 700 personas. Sabía que sus papas no le iban a dar permiso, así que le dijo a su mejor amigo Francisco si se podía quedar en su casa ese día. Él le dijo que no, pues sus papas sí sabían y le iban a contar a los papas de Vasco. Cuando se lo comentó a Alejandro, su otro amigo, le pareció una gran idea, ya que sus padres le dejan hacer de todo y él también iría a la fiesta.

Jueves 12
Vasco estaba muy emocionado y fue con Francisco y Alejandro al mall a comprar una camisa. Compraron la camisa y fueron a comer un helado. Vasco pidió uno de chocolate, Francisco uno de mango y Alejandro no sabía qué pedir,  así que fue a ver la lista de sabores. Cuando se decidió por uno, regresó a su mesa y vio un grupo de 3 chicas hablando sobre la fiesta. Les dijo a Vasco y a Francisco y empezaron a planear cómo acercarse a ellas. No se podían decidir y Francisco simplemente se paró y se acercó.
-¡Hola!
Las chicas se sorprendieron.
-Hola…-dijeron ellas en coro.
Vasco y Alejandro se acercaron.
-¿Cómo se llaman?- dijo Vasco.
-Alessia, María José y Christina, ¿y ustedes?
-Somos Vasco, Francisco y Alejandro- dijo Vasco.
-Que lindos tus ojos- dijo Alessia dirigiéndose a Vasco, como empulsado por dios sabe qué.
-Sí, nadie sabe de qué color son. Al centro son amarillos, luego verde y luego azules- dijo Vasco.
-Escuché algo de lo que hablaban- dijo Alejandro- ¿es la del viernes?
-¡Sí! , ¿ustedes tambien van?- dijo María José.
-¡Claro, va a estar buenaza!
-Pasenme sus PINS para encontrarnos mañana.
-9b571ac8.
-10cklbm7.
-5mpr3158.
-Ya las agregamos, bueno ya nos vamos. ¡Nos vemos mañana!- dijo Francisco.
-¡Chau!
-¡Chau!
-¡Chau!

Viernes 13
En el colegio todos estában muy emocionados y Vasco no se podía concentrar. Estaba tan distraído que dio un mal examen de lenguaje, y el profesor se sintió muy decepcionado, pues Vasco era uno de sus mejores alumnos.
En el recreo, se juntaron los tres amigos a converser y planear cómo iban a hacer esa noche.

Cuando por fin el horario escolar acabó, Vasco y Alejandro se fueron juntos en “colectivo”. Cuando subieron al carro escucharon la voz de alguien conocido. Era Alessia.
-¡Alessia!- dijo Vasco.
Ella volteó y se le iluminaron los ojos porque vio a Vasco. Alejandro lo notó y gritó.
-¡Wuuuuuuuu! ¡Se gustan!
Alessia se acercó a saludar.
-Hola chicos.
-Hola Ale- dijo Vasco sonriendo.
-¿Dónde bajas?- preguntó Alejandro.
-En Bella Horizonte.
-¡Que hablas! Yo también vivo en esa calle- exclamó Alejandro.
-¡Oh! Que coincidencia- dijo Ale emocionada.
-Ahora Vasco va a querer ir todos los días a mi casa- dijo Alejandro en un tono bromista.

Bajaron en la misma calle y se dieron cuenta de que vivían frente a frente.
-Has vivido frente a mí casa y nunca me he dado cuenta- dijo Alejandro
-Me mudé este fin de semana.
-Ah, yo me fui a la playa, por eso no te ví.

Se despidieron y cada uno se fue a su casa a alistarse para la gran noche. A las 6pm Vasco y Alejandro estaban escuchando música frente a la ventana que daba a la calle. Estaban escuchando una cancion de electrónica que Francisco les había recomendado. Cuando acabó la cancion empezó a sonar una lenta. Vasco levantó la mirada y vio que un carro se estacionó en la casa que estaba al frente. Vio que dos chicas bajaron de este y de inmediato Alejandro las reconoció, eran María José y Christina. Alejandro propuso invitarlas a su casa e ir todos juntos a la fiesta. Así que les hablaron por mensaje de texto y ellas muy emocionadas aceptaron la invitación sin pensarlo dos veces.

Las chicas llegaron a la casa de Alejandro y él y Vasco se quedaron obnubilados por lo bellas que estaban. Habían llegado una hora tarde así que enseguida preguntaron como iban a ir.
-Vamos a ir en taxi.
-¡¿QUE?!- dijeron las tres chicas.
-¿Cuál es el problema?
-Creíamos que tu papá nos iba a llevar.
-Eh no, pero, una cosa ¿tienen plata?
-¿No se supone que ustedes tienen que pagar?
-Sí, pero no tenemos plata.
-Ya, nosotras pagamos- mirándolos con enojo.
-Ya buenaso, gracias.

Eran las 10 y la fiesta había comenzado hace 2 horas. Por fin llegaron y parecía que por afuera no había fiesta. Al abrir la puerta se quedaron asombrados por la gran cantidad de gente que había. Entraron y se dieron cuenta de que iba a ser la fiesta del siglo. Era extraordinario la cantidad de gente que había. Pudieron ver tambien una piscina, un carro y en una esquina había una fogata con el fuego elevado. La música era la mayoría electronica así que los tres amigos estaban encantados. Aunque tambien ponían canciones bailables. Pasaron dos horas y definitivamente la fiesta estaba fuera de control. Vasco se había perdido en el tumulto de gente y a lo lejos vio a Alejandro parado en una mesa bailando extrovertidamente. De inmediaro notó que estaba en estado de ebriedad, así como la mayoría de los invitados. Vio a Francisco a unos cuantos metros y decidió acercarse.
-¡Francisco!
-¡Vasco te he estado buscando!
-Y yo a ti, esto se está volviendo peligroso, será mejor que nos vayamos.
-Tienes razón, ¿dónde están las chicas?
-No lo sé, la última vez que las vi estaban dentro de la casa.
-Entremos a buscarlas.
-Ya, pero ¿que hacemos con Alejandro?, no lo podemos llevar a su casa en ese estado.
Estaban discutiendo sobre que hacer con Alejandro, de pronto se escuchó un sonido muy fuerte similar al de un balazo. Se veía multidud corriendo desesperadamente.
Vasco corrió hacia la casa a sacar a Alessia y a sus amigas. Las sacó justo a tiempo, corrieron hacia la puerta junto con otras 500 o 600 personas. Todos peleaban por salir primeros, cuando de pronto se escuchó una explosión muy fuerte. Vasco cayó, se golpeó la cabeza y quedó profundamente dormido.


Lunes 16
Vasco se levantò muy temprano y fue al colegio a primera hora. Todo el fin de semana se lo pasó pensando como fue que llego a su casa. Cuando llegó se acercó corriendo hacia Alejandro y Francisco a preguntarles que había pasado.
-¡Alejandro, Francisco! ¿Que fue lo que pasó el viernes? ¿Cómo llegaron a sus casas? ¿Qué paso conmigo? Desperté el sábado en mi casa, como si nada hubiera pasado. Tenía puesta mi pijama y todo parecía estar en su lugar. ¿Que fue lo que paso?
-¡¿De que hablas?!- dijo riendose Alejandro
-¡El viernes! ¿Como acabó todo?
 -El viernes no hubo nada…- dijo Francisco
-¿Que?, La fiesta, a la que fuimos, con Alessia, Maria José y Christina
-El viernes pasado no hubo ninguna fiesta…
-¡¿Que?!
-Creo que te refieres a la fiesta de este viernes, viernes 20, ¿no?
-¡No! A la que fuimos el viernes pasado, viernes 13.
-La única fiesta que hay, es la del viernes 20.
-¿Que?, entonces, que paso el viernes 13?

Mónica Villar y Maria Camiña

viernes, 12 de julio de 2013

Los sobrinos del mago

Era hace una vez en un pequeño pueblo de Habstuber llamado Siwel una familia de pocos recursos económicos que vivía en una pequeña casa en las faldas del cerro más alto y distintivo del mismo. En esta familia el padre estaba ausente (los abandonó a los dos años de nacer) y había muerto el hermano mayor en la guerra de la primera edad de Habstuber, así que solo quedaban la madre Jessica y los dos hermanos mellizos Jaime y Rafaela. Sin embargo, el tío Lennox (un mago desconocido y de poco éxito aparentemente) siempre estuvo ahí para ellos; los sacaba a pasear los fines de semana, les enseñaba cosas y compartía con ellos sus hobbies. Tanto así, que al haber desarrollado tanta confianza,  un día decidió mostrarles su más preciado tesoro: un par de anillos que servían para ir y regresar de una misteriosa tierra llamada Klaipedos.
Un mes después de haberles enseñado los anillos les pide que lo acompañen a esta localidad mencionada anteriormente, ellos más que emocionados aceptan la oferta y van corriendo a donde su tío les indica, el agarra los anillos los agarra a ellos y desaparecen. Lo siguiente que saben es que están en medio de un bosque al lado de un charco y había un castillo al frente. Entraron en este castillo majestuoso como ningún otro que hubieran visto y  en el salón principal encontraron una serie de estatuas de mármol pero la que más les llamo la atención fue la de un hombre con cara se rabia rodeado de siete caballeros que le apuntaban con sus espadas. En eso a Rafaela se lo ocurre jalar una soga que vio colgando de una de las esquinas del salón, esta pita hizo sonar una campana y de la nada, de un momento a otro, las estatua central comenzó a resquebrajarse y una persona salió de ella. Este personaje estaba vestido en caros y lujosos atuendos. Los niños y su tío lo saludaron con respeto y cordialidad y le dijeron - ¿Quién es usted?-, el hombre no respondió solo se miró las manos , cogió un bastón y con una vos penetrante grito- Soy Bacileus primero, hijo del gran conquistador y destructor de imperios Demetrio, heredero al trono y actual rey de esta tierra. Jaime y Rafaela inocentemente le dijeron lo que ellos habían visto al entrar al castillo, que todo estaba en ruinas y que no había ni un solo ser viviente. Lennox tenía un mal presentimiento de él, creía conocerlo pero no recordaba cómo. Mientras que el trataba de acordarse de cómo es que lo conocía escucho que sus sobrinos le dijeron que ellos tenían unos anillos que lo podían transportar a un lugar donde todo era muy  feliz, ósea su hogar, antes de que Lennox pudiera decir algo el rey dijo - Excelente, llévenme  a esa majestuosa tierra de la que me hablan-. Los niños sacaron los anillos del bolso de su tío y se tele transportaron a su mundo.
Al estar de vuelta en su hogar antes de que ellos pudieran decir algo el rey Bacileus se esfumo en una nube negra, el día empezó a oscurecerse y las plantas a morir, los animales se volvieron agresivos, el agua se volvió amarga y de un color turbio y la gente empezó a entrar en desesperación. Fue entonces cuando el tío Lennox recordó inmediatamente todo, rápidamente cogió a sus dos sobrinos y les dijo- niños acérquense tengo que contarles algo, yo no siempre fui el viejo mago que conocen, incluso yo no soy de este mundo y su madre tampoco-. Los chicos no podían entender que era lo que pasaba, toda su vida se había vasado en una mentira, el tío al ver que estos no podían comprender le dijo- yo soy Lennox, uno de los ocho caballeros de la Orden Protectora, soy del mundo de Klaipedos que es el lugar de donde acabamos de traer a ese rey. Hace veinte años hubo una gran guerra por el poder en Klaipedos, el rey de ese momento, Leoncio, formo la orden y me nombro líder de esta, era nuestro deber salvar al imperio y a la realeza de las manos de Bacileus. Después de una larga batalla los siete caballeros hicieron un último sacrificio, hicieron un conjuro que petrificara a ellos y al ser que estos apuntaran con sus espadas, yo por otro lado fui encargado de proteger a Nubia, hija del rey y quien es ahora su madres, esto los convierte en príncipes de la tierra de Klaipedos-. Los niños no lo podían creer, pero rápidamente reaccionaron y dijeron como iban a parar ahora a Bacileus si los otros 7 caballeros estaban petrificados. Lennox les dijo que el antiguo rey le dijo algo que él no lograba entender antes de que se vaya, las palabras que el rey le dijo fueron "solo el agua más pura puede limpiar la mancha más dura" Lennox no entendió nunca de que estaba hablando pero Rafaela y Jaime sí. Le dijeron a Lennox que lo que su abuelo le había intentado decir es que solo una persona pura de corazón puede acabar con el mal existente. Jaime le dijo a su hermana que él era el elegido y que él se sacrificaría por ella y su madre para que no corran peligro. Lennox con todo el dolor de su corazón le entrego un pedazo de metal, Jaime le dijo- ¿Qué es esto?- y el respondió- es lo que queda de mi espada, no es algo muy impresionante pero su poder es increíble-, Jaime la recibió y después de despedirse de su hermana, madre y supuesto tío subió a lo más alto de la montaña, una vez ahí Bacileus se hizo presente y le dijo- Tu príncipe perdido; ¿crees que vas a poder detenerme a mí el gran Bacileus- y con un grito empezó a llover fuego, hubo un gran terremoto y se escuchaba a la gente gritar. Jaime con mucha valentía le dijo- Tal vez yo sea solo un niño, y aun me quedan muchas cosas por aprender, pero hay algo que si se; el bien vence al mal-. Y con estas palabras le lanzo el fragmento de metal con una puntería tan precisa que le atino justo en el corazón.
Desde abajo no se podía ver la cima del cerro ya que estaba tapado por la niebla pero de pronto se escuchó una gran explosión y un gran rayo de luz salió y la niebla empezó a dispersarse y todo poco a poco comenzó a volver a como era antes.

Nunca nadie volvió a bajar ni a subir ese cerro, la gente nunca entendió que fue lo que paso ese día y Lennox se retiró de la magia para siempre, en cuanto a Rafaela, bueno ella volvía constantemente a lo que era ahora su reino , decía que estaba haciendo algo maravilloso, bueno y puro como ella.

jueves, 11 de julio de 2013

Nada es lo que parece.

Nada es lo que parece

Camilo pensaba en como sería su nueva vida mirando las gotas de lluvia resbalar por la luna del automóvil mientras que su mamá le explicaba el porqué de la situación de cambio de cuidad, obviamente el distraído no le prestó atención. Él nunca quiso cambiarse de cuidad porque tenía miedo de cómo sería su nueva vida y en donde viviría. La ciudad donde se mudaban no era tan moderna. San Butersgerg, era tan pequeña que todos se conocían, lo cual incomodaba a Camilo ya que era muy tímido. Además, no estaba acostumbrado a los cambios pues toda su vida la había vivido en una sola ciudad.
Cuando bajaron del carro a entrar a la casa, Camilo estaba muy preocupado y sentía mucho miedo.
Una casa no común, ni moderna pero adecuada para que una buena estadía. Entraron a la casa a ver cómo eran los cuartos, subieron al segundo piso y cuando Camilo salió de una de las habitaciones, giró la mirada hacia una pared lejana y vio unas manchas, como manos de bebe que habían sido arrastradas. Le dio miedo y salió corriendo hacia su mama para avisarle. Cuando suben los dos juntos, la pared estaba completamente blanca y no había ni un rasgo de mancha penetrada en esta. Esto le provoco mucho más miedo de lo que tenía.
Al siguiente día, Camilo comenzó clases y mientras que su mamá lo llevaba a la escuela, el camino se hacía muy raro, no encontraba similitud con las calles de su antigua cuidad y el clima no era nada parecido, era frio y húmedo y llovía todos los días en las mañanas.
Llegaron a la escuela y como era nuevo, nadie le hablaba, todos lo miraban raro y nadie parecía de 8 años como él los tenia. Cuando entraron a clases todos hablaban susurrando mientras lo miraban feo y no se inmutaban a hablarle, la profesora lo presentó. Cuando salió adelante todos los niños lo abuchearon.
Llegó a su casa y hablo con su mamá:
-Como te fue en tu primer día de clases hijo?
-Mal, todos me trataron horrible y no quise salir al recreo, me quede solo en el salón.
-Pero porque? Que acaso no te recibieron bien?
-No mama, odio esta escuela, es horrible, quiero volver a mi otra casa!
Después de todo, al día siguiente, cuando estaba yendo a la escuela, se dio cuenta que las calles cambiaron, ya no eran las mismas y más allá se veía un clima soleado mientras por donde estaban era un clima triste, húmedo y frio.
Llego a la escuela sin ganas de estar ahí y cuando estaba entrando a su salón, le pusieron el pie y se cayó de cara teniendo la mochila en la espalda con todo el peso que había dentro. Desde ese momento sintió que no le iba a ir bien.
Sonó el timbre del recreo y cuando salió, todos los niños se reían del incidente del salón. Camilo se sintió más solo que nunca. Extrañaba todo en su antigua ciudad y no veía la hora en que suene el timbre de salida. A pesar de esto, Camilo busco la manera de pasar desapercibido en su nueva escuela. Lamentablemente no resulto su plan. Sus compañeros no paraban de hacer Bullying: le tiraban borradores y papeles, le escondían sus cosas, rompieron su libreta de apuntes y hasta le bajaron los pantalones. Él se sintió tan avergonzado que no tuvo mejor idea que escapar de la escuela. Corrió sin destino alguno hasta que se sintió muy agotado. Después de tomar un poco de aliento miro alrededor y se dio cuenta que estaba en lugar algo familiar, encontró las mismas manchas de manos que vio en su casa. Se asustó y corriendo, pensó: no hay un lugar donde pueda estar tranquilo. Necesito volver.

Los padres de Camilo, preocupados después de recibir la llamada de la Directora, informándoles que Camilo no se hallaba en las instalaciones de la escuela, salieron a buscarlo. Después de una hora, de un largo recorrido y de desesperación ocurrió un accidente. Iban a tanta velocidad que atropellaron a alguien. Ellos no se dieron cuenta que era el mismo Camilo la victima del suceso inesperado. Cuando lo vieron se asustaron mucho y su mama se puso a llorar.
Se fueron al hospital desesperados pues no sabían que le había pasado a Camilo y estaban muy sorprendidos por el hecho que se haya escapado de la escuela. Cuando llegaron al hospital lo recibieron inmediatamente y después de unas horas de angustia les dieron los resultados, felizmente no le había pasado nada a Camilo, no tenía ni una herida, lo que le había pasado era que al recibir el impacto, del susto, se desmayó.
En el tiempo que estuvo en descanso medico en su casa, vio la sombra de un bebe lo cual lo asusto demasiado y se volvió a desmayar. Cuando se despertó su mama estaba adelante suyo preocupada:
-Camilo, que te pasa?
-Mama, acabo de ver el bebe y creo que eso tiene que ver con las manchas de la pared.
-Pero que manchas?
-Las manchas que te dije que había visto.
-Pero es imposible.
Su mama no le creyó, pensó que todo lo que le había pasado dejaba como consecuencia alucinaciones.
Después de un rato cuando estaba en su cuarto durmiendo, empezó a oir voces, una de las voces era de una mujer diciendo el nombre “Camilo” y la otra voz era la de un bebe llorando. Escucho estas voces repentinamente hasta que sintió que algo le molestaba en la cara y comenzó a ver rayos de luces en su imaginación  y se despertó.
Cuando abrió los ojos se dio cuenta que no estaba en su habitación, si no que estaba donde él siempre había estado, en su casa actual y que todo había sido un sueño. Fue corriendo donde su mama y la abrazo y le dijo que nunca pero nunca se quería mudar de su ciudad. Después de ese momento dio gracias por tener lo que tiene y por estar feliz junto a su familia y amigos.

Alexandra Cross

Valeria Cámere.

miércoles, 10 de julio de 2013

EL TURRÓN

- ¡No iré! -gritó José.
- Ya lo discutimos José, tienes que acompañar a tu abuela, ella es mayor y no ve muy bien, además te quiere  tanto...
- ¡Hazlo tú! -la interrumpió José.

Su madre dio un respiro profundo y con santa paciencia le explicó lo que ya le había dicho tantas veces: Que por más que fuera feriado tenía que ir a una entrevista de trabajo y no podía acompañar a la abuela. José refunfuñando, aceptó y fue a cambiarse. Cinco minutos más tarde, se encontraba yendo a la casa de su abuelita. Al llegar, la encontró con un hábito morado.

- Señora Panchita, ¿cómo está? Le encargo a mi José.
- No se preocupe, yo se lo cuido.

José vio a si mamá irse a toda prisa. Su abuelita le ofreció almuerzo, pero el se negó y subió a ver la televisión. La anciana se resignó y le dijo que en diez minutos salían. Pasado este tiempo, tomaron un taxi y se fueron a la procesión. En el camino José pudo apreciar varias casas "coloniales", como decía su abuela.
Pero lo que más le llamó la atención fue aquella en la que se encontraba un gran restaurante moderno, en comparación de los otros. El taxista, que se veía disgustado, los dejó siete cuadras antes. José la siguió mientras se internaban en ese mar de gente. Ella era sahumadora, lo que le fastidió mucho. El olor que emanaba el incienso era fuerte y le hacía lagrimar los ojos. Pasaron un par de minutos y José sintió hambre. En eso, vio pasar a una joven morena de veinticinco años vendiendo turrones. Se le hizo agua la boca y rebuscando en los bolsillos de su pantalón encontró un billete de diez soles; era la propina del mes. Entonces soltó la mano de su abuela, que ahora parecía preocupada por algo incomprensible. Fue corriendo hacia la señorita. A pesar del gentío logró comprar un turrón pequeño. Luego regresó al mismo lugar pero no encontró por ninguna parte a la anciana. Empezó a mirar a su alrededor, desconsoladamente. Lo único que lograba ver eran un montón de zapatos. Cuando miró hacia arriba buscando el rostro de su abuela solo consiguió ver fue miradas distantes, absortas en la procesión. Parecía que no le importaba a nadie, como si fuera invisible.
Se imaginó a su abuelita angustiada, entre las filas de devotos, buscándolo. Con ese rostro contraído y arrugadito que tanta pena le daba. Pero el tiempo seguía su curso incansable y ella no aparecía.
- ¿Dónde estás? ¡Mírame, mírame aquí estoy! ¡Diosito, haz que me encuentre! -pensó desesperado el pobre José.

Empezó a saltar moviendo los brazos, llamándola. En uno de esos saltos, se le dobló el pie derecho y cayó adolorido. Se quedó sentado,quejándose del dolor. Como estaba agachado, ahora sí nadie lo veía. La gente avanzaba siguiendo la imagen, la gente se apretujaba aún más para poder recibir alguna bendición al tocar el anda.

Entonces, al darse cuenta de que el tumulto de gente se estaba alejando, decidió pararse, no obstante, mientras lo hacía, un señor apurado lo derribó, hacien que cayera al suelo estrepitosamente. Para su mala suerte, se golpeó la cabeza y cayó desmayado.

Al despertar estaba todo desolado, no había un alma en derredor.
Pensó que nadie lo había visto y se habían marchado sin más.

Empezó a correr buscando a su abuela, pero no la encontró. Ya se estaba dando por vencido , cuando recordó aquellas "casas coloniales" que le habían llamado la atención. Caminó sin rumbo hasta encontrarlas. A primera vista eran iguales a como las recordaba, sin embargo al acercarse se daba cuenta de uqe estaban mejor pintadas y sin telarañas en las esquinas. Le parecieron extrañas. Era imposible que las hubieran pintado tan rápido. En eso, aparecieron dos personas, una grande y una chica que iba a su costado. Al aproximarse, notó que estaba yendo de la mano, así qu supuso qu eran madre e hijo. No supo porqué, pero esas caras le parecían familiares. Decidió entonces seguirlas para no sentirse tan solo. (La calle estaba casi  desierta, bueno, era de noche...). Por suerte para él, se detuvieron al poco tiempo para ingresar a un bazar. José se agazapó detrás de la puerta, de modo que podía ver lo que hacían sin que notaran su presencia. Ya el sol se había ocultado y tenía hambre. Al parecer les pasaba lo mismo a la señora y a su hijo. El chico quería algo dulce, y por ser Octubre, su mamá le compró un turrón y un jugo surtido mientras ella pedía un emparedado de jamón de pavo con lechuga y un café bien cargado. Al verlos, se le hizo agua la boca. Los miraba muerto de hambre y con retortijones de panza. Ambos estuvieron callados por unos minutos, concentrados en su pequeño lonche, hasta que el niño comentó:

- ¡Ya me sé el Himno!
- A ver, cántalo...
- "Señor de los Milagros, a ti venimos..."
- Vamos, sigue que te está saliendo muy bonito.
- "... en procesión, tus fieles devotos a implorar tu bendición" .Concluyó con voz entrecortada y aguda: ¿Te gustó?
- Por supuesto, te felicito. Pero es tiempo que termines tu turrón.
- Es que ya me llené.
- Y ahora, ¿qué hacemos? No lo vamos a botar.

En ese instante se prendió una pequeña luminaria en la cabecita de José. Entró en el bazar, envalentonado por su creciente apetito y por las últimas palabras de la dama.
- Buenas noches -empezó.
- ¿Me regalaría lo que queda del turrón? -terminó ansioso y dubitativo.

La señora se lo dio con un poco de extrañeza. José se percató de este gesto y decidió irse rápidamente. Al retirarse pudo notar que el chico que se encontraba con la señora era... ÉL. Tuvo ganas de voltear pero se contuvo. Salió de la tienda y devoró los restos del tradicional postre.

Sin embargo, no se fue realmente, tan solo se escondió en una quinta cercana.

Asombrado por su descubrimiento, evocaba una y otra vez al niño del turrón.  Cada vez se convencía más que era él mismo. Era absurdo, empero tenía sus mismas facciones, su misma altura, parecía de la misma edad, incluso la manera de comer era igualita a la de él. José recostóse en una pared y pensó para sí:


- ¡Acabo de ver a mi otro yo! Es imposible, no tengo hermanos, ni mucho menos mellizos. A lo mejor es una pesadilla, sin mi mamá, sin mi abuelita, sin nadie que conozca, estoy solo.

Empezó a pellizcarse, para ver si era un sueño, no funcionó, todo siguió igual.

- Esto no es un sueño, es real. ¿Dónde estará mi abuelita? ¿Se habrá cansado ya de buscarme? ¡NO! Ella debe de estar muy triste, nunca me abandonaría. Pobrecita, que malo que fui con ella, no merecía que la tratase así. Ella me quiere, me cuida y me regala juguetes.    ¡Y ya NUNCA más la voy a volver a ver!

Sigilosamente empezó a llorar quedito, hasta quedarse dormido.
Al levantarse se sintió aturdido; muchos extraños lo rodeaban. Aún no salía de su perplejidad, cuando oyo una voz muy familiar...

- ¡Pepe! ¡Pepe! Gracias a Dios, que estás bien. ¿Dónde te habías metido? ¿Por qué te soltaste? -exclamó Doña Panchita, ahogándose en sus propias lágrimas.

- Ay, Pepe... ¿POR QUÉ ME HAS HECHO ESTO? -siguió lamentándose mientras lo ayudaba a ponerse de pie.

José la abrazó conmocionado y no la quería soltar por miedo a que se esfumara.

- Abue, perdóname. Nunca más te asustaré así -musitó en su oreja.
- Tranquilo, ya pasó, ya pasó, pero mejor irnos ahora antes de que te extravíes de nuevo.

De modo que tomaron un taxi y se embarcaron.  Ya se encontraban a mitad de camino cuando José dijo con tono inocente:

- Abue, olvidé mi turrón.

                                                                                                                                                                                      

Por: Natalia Vindrola y Sofía Diez

  

La blanca pared

Su departamento era totalmente blanco, sólo habían 2 puertas en la casa, la principal y la del cuarto de su amigo. Sobraba una caja llena de cables de cosas electrónicas porque acababan de mudarse y no había espacio suficiente. Es por eso que Ludgardo , como buen amigo y cuidador, decidió guardar la caja en el ropero.
Adecuándose a vivir en la Urbe, le era más complejo a Ludgardo adaptarse a la crisis de esquizofrenia que su amigo constantemente sufría : los altos edificios, uno detrás del otro ,los semáforos y la infinita cantidad de autos ,caminar para ludgardo era toda una aventura ,mientras que para su compañero era una tortura.Cuando estaban a punto de entrar a una tienda para comprar café pan,leche entre otras cosas, Ludgardo atravesó la puerta de la tienda pero no sintió los pasos de su amigo al costado de los suyos. Se había quedado parado, en el marco de la puerta. Ludgardo se volteo y siguió comprando.Le pareció extraño que no entrara pero no le tomo mucha importancia,terminó sus compras y partieron el regreso a casa y partieron de regreso a casa.
A Ludgardo no le parecía muy difícil vivir con un esquizofrénico, porque sabía que la enfermedad era controlable y también porque se había acostumbrado a sobrellevar esta enfermedad con su amigo.
Pero su amigo sentía que era una molestia para él y eso hacía que se sintiera una carga. Esto le causaba tristeza y cólera, apoderándose del poco a poco.Para él, esta era la parte más inaceptable de su enfermedad.
La relación que tenían con sus vecinos era distante pero una mañana Ludgardo salió a recoger el periódico y se encontró con una vecina que estaba saliendo. Sus ojos se internaron en los de la chica y pasó lo mismo con ella. Se saludaron y llevando un tema a otro, se quedaron conversando una hora. El tiempo pasó y empezaron a salir y Ludgardo cegado por sus sentimientos hacia la chica empezó a olvidar poco a poco a su fiel amigo.
Acostumbrándose a vivir sin compañía de un cuidador, el olvidado amigo de Ludgardo se encontraba en una soledad confusa y muy frustrante. Él siempre había sido consciente que algún día tendría que aprender a valerse por sí mismo, aunque el sabia que seria difícil. Aturdido por la gente, el ruido y la cantidad de cemento por el que tenía que atravesar diariamente ,cada vez que tenía que trabaja o comprar algo, lograba felizmente regresar a casa. Lo bueno era que se acordaba perfectamente del horario de su medicina. La presencia de Ludgardo era lo que más extrañaba y lo que más le reprimía en comparación a adecuarse a valérselas por sí solo.
Una noche muy tranquila, con la presencia de Ludgardo, recordaba la seguridad que le daba estar con su amigo .Entonces confiado por su presencia olvido tomar su pastilla.Agotado, se dirigió a su dormitorio donde extendiendo su cuerpo sobre su cama cerró los ojos. Pero el sueño se le hizo lejano.Pensaba y pensaba en que ya estaba dormido pero no podría estar más despierto.Finalmente abrió los ojos y los cerró nuevamente y esta vez quedo absorvido por el cansancio lo cual lo llevo a un profundo sueño.
A mediados de la madrugada,Ludgardo abrió su ropero y sacó suavemente los cables que se encontraban tenebrosos en el fondo.Los colocó sobre su espalda y salió de su departamento,dio un par de pasos y abrió la puerta vecina.Sigilosamente camino sobre la entrada,la sala,la cocina y ,ahora, el dormitorio de su amada.Envolvió los cables con cariño y dulzura alrededor de su cuello.Lo hizo con tal paciencia y suavidad que parecían sus manos sobre el cuello de la chica pero ,en realidad, sus manos se encontraban detrás de su cuello cada una sujetando con amargura los extremos el cable.
Ludgardo acercó sus labios hacia el oído de la chica y le dijo con cariño y ,a la vez, con odio “Te amo”.Entonces jaló los extremos de los cables hasta que la víctima dejó de moverse desesperadamente. Y los muertos ojos de la chica se abrieron y,al instante, la mirada tímida y asustada del casi olvidado amigo de Ludgardo se clavó en la blanca pared que estaba en frente de su cama.

No podía mover ni un solo brazo o pierna.Estaba entre medio sentado y medio recostado sobre su mesa.Se le observaba muy incomodo con ganas de quedarse en esa posición toda su vida.No distinguía la realidad de lo soñado,hasta la plana y sombría pared blanca se le hacía complicada.Pensando en cual sería su próximo movimiento ,bajo sus piernas para ponerses unos zapatos y cuando dio el primer paso resbaló lo necesario como para caer sobre una rodilla al piso.Y ahí estaba la sangre y el cadáver.

                                                     FIN

   
   Camila Flores y Claudia Orihuela

El Secreto de la Isla

Eran las ocho de la noche, y el taxi aun no llegaba a su casa. Tamara estaba ansiosa y ya no podía esperar más. Por fin sonó el timbre y rápidamente cogió sus maletas y salió. Debían apurarse. Su vuelo partía a las 9pm. El taxista le sugirió tomar un atajo y ella en su desesperación aceptó. En un abrir y cerrar de ojos aparecieron en una de las calles mas oscuras y frías de Lima. De pronto, un auto pasó frente a ellos a gran velocidad, lo cual obligó al taxista frenar bruscamente. Esto provocó además que Tamara se chocara contra el asiento de adelante y se golpeara fuertemente la cabeza, ya que no se había abrochado el cinturón. Aturdida volvió a su asiento y muy lentamente se abrochó el cinturón. Miró su reloj, le quedaba 20 minutos para abordar el avión. Por suerte estaban a una cuadra del aeropuerto.

Cuando por fin llegaron, Tamara se bajó muy rápido. Gracias a que tenia una tarjeta Premium paso fácilmente por todos los tramites. El llegar a la puerta de embarque, ella era la única que faltaba, por lo que partieron al instante. Al inicio del vuelo, todo fue muy tranquilo. Tamara estaba muy cansada y en poco tiempo se quedó dormida.

Se despertó cuando sintió que sus piernas se mojaban. Y al abrir los ojos se dio cuenta que la a aeromoza había derramado la gaseosa sobre ella, pues al pasarle la bebida a la persona que se encontraba a su costado, este no había cogido bien el vaso y se le cayó. Tamara disgustada fue al baño a limpiarse.

Estando allí, escucho al piloto que anunciaba que se abrochen los cinturones pues se acercaban a una zona de turbulencia. Así que se apuró en limpiarse el pantalón. Pero el tiempo le ganó, y la turbulencia comenzó antes que ella termine de limpiarse. Tamara optó por quedarse en el baño hasta que acabase, pues pensaba que era lo más seguro. Para su mala suerte, la turbulencia fue mas fuerte de lo que esperaba. Entró en pánico y cuando se dispuso a abrir la puerta, esta estaba atascada. Por la desesperación, grito por ayuda, pero nadie la escuchó. De pronto, otro anuncio fue dado. El piloto informaba que había perdido el control. Estaban descendiendo a gran velocidad. Debían estar preparados para el impacto. Tamara escuchó los gritos de los pasajeros y se desesperó más que nunca. Trato una vez más de abrir la puerta, pero este intento fue fallido; por el susto se desmayó quedando inconsciente.

Cuando Tamara volvió en sí, un muchacho trataba de sacarla del baño. El avión ya no estaba en movimiento. Cuando lograron salir no sabía si lo que veía era cierto. Se encontraba frente al mar. Otro sobreviviente se acercó para ver como se encontraba y le explicó todo lo que había sucedido. El avión se había estrellado contra esta isla. El piloto, el copiloto y varios pasajeros más habían muerto. Fue llevada al grupo de sobrevivientes y se percató que solo quedaban 13 personas entre hombres, mujeres y niños.



Tamara se sentó junto a ellos. Todos estaban en un estado de shock y no paraban de gritar, ella estaba en silencio ya que creía que era la única manera en la que podía asimilar lo sucedido. Veía a una pareja con niño; la mamá del pequeño estaba llorando: Tamara quería tratar de acercarse a consolarla, pero no pensaba que era lo correcto ya que no la conocía. También vio a dos chicas de aparentemente 17 años que no paraban de gritar, había una mamá que trataba de tranquilizar a sus dos hijos que estaban asustados. Al otro lado, vio a un chico y a una chica que conversaban, cuando volteó la mirada vio a otro chico que estaba como ella en silencio, pero tenia una mirada triste en sus ojos.


De pronto Tamara se comenzó a sentir mareada y escuchó que el chico que la había sacado del baño del avión gritó “Tranquilícense, gritando no vamos a solucionar nada”. El chico con mirada triste se paro y se acercó al grupo y calmadamente dijo: “¡Ya basta! Todos tenemos que calmarnos”. Poco a poco todos se callaron y se acercaron formando un grupo, mientras que las dos chicas seguían gritando alejadas de los demás, hasta que se dieron cuenta que todos las estaban mirando e inmediatamente se callaron y luego dispusieron a unirse al grupo. Tamara miraba a todos aun en shock y luego el chico con mirada trisTe dijo: “Creo que lo primero que tenemos que hacer es tranquilizarnos y presentarnos. Yo me llamo Rafael y tengo 39 años”.

Una voz de hombre se escuchó y decía: ”Mi nombre es Daniel, tengo 36 años y soy arquitecto, ella es mi esposa Miranda, este es mi hijo Santiaguito y somos de Chile”. Luego una chica se levantó y dijo: ”Mi nombre es Natalia, el es mi esposo Erick Eduardo, los dos somos dentistas y venimos de Perú” Seguidamente Tamara se presentó diciendo que era bióloga y tenía 27 años. Después de ella habló el chico que la había sacado del avión. “Yo soy Lucas, tengo 29 años, soy médico y argentino”. A continuación habló un señora que tenia dos hijos “Me llamo Diana, soy diseñadora, tengo 38 y estos son mis hijos Felipe y thais de 10 y 8 años”. En seguida hablaron las dos chicas “Nosotras somos Alexia y Lucia somos peruanas y tenemos 17 años”. Finalmente habló tímidamente un niña “Mi nombre es Lorena, tengo quince y vengo de Perú”.

Cuando todos terminaron de presentarse Rafael se paró y sugirió que los hombres deberían ir a explorar la isla para ver si es que estaban realmente solos o tenia alguna compañía y si podían encontrar víveres y refugio. Y que las mujeres se quedasen con los niños para cuidarlos y para que también vean si algún barco se acercaba. Tamara muy asustada siguió las indicaciones de Rafael y fue a hablarle a Lorena pues notó que estaba sola y asustada.

Lorena le contó que sus papás estaban separados y que ella viajaba cada año a visitar a su papá por su cumpleaños a Santo Domingo pues cuando se separaron, él se fue a vivir ahí, y que esta era la primera ves que ella viajaba sola porque anteriormente su papá iba a visitarla para celebrar su cumpleaños. Tamara le contó que ella estaba yendo a Santo Domingo para realizar una investigación que la ayudaría con su trabajo. Siguieron hablando y no se dieron cuenta de lo rápido que pasó el tiempo.
Pronto llegaron todos los hombres. Sin embargo, lo único que traían eran pedazos de tronco y algunas frutas. Como ya estaba anocheciendo, decidieron hacer una fogata y repartirse las frutas, pero guardando un poco para el día siguiente.



Durante la fogata, Tamara se dio cuenta que Lucas la estaba mirando y él sabiendo que Tamara ya lo había notado no hacía nada para ocultarlo. Se acercó a ella y empezaron a hablar. Fue ahí cuando Tamara sintió algo que le decía que él era un chico especial. Platicaron de diversos temas que incluían desde cuándo era su cumpleaños hasta cuál era su escritor favorito.

En el momento en que Lucas se paró a coger mas frutas, Tamara empezó a escuchar, a lo lejos, sonidos extraños, se asustó pero al parecer nadie más los oía pues ninguno se inmutaba, por lo tanto decidió ignorarlos. Sin embargo, poco a poco estos empezaron a hacerse más fuertes. Se paró para analizar el lugar. Los extraños sonidos parecían provenir de los arboles. Y de pronto pararon de escucharse. Tamara seguía asustada y cuando volteo para regresar junto a Lucas, se dio cuenta que Lorena estaba llorando.

Tamara se acerco a ella y le hizo señales a Lucas para que la siga. Ambos le preguntaron a Lorena porque estaba tan triste, pero ella no respondió, y simplemente siguió llorando. Lucas se sentó junto a ella y la abrazó hasta que se tranquilizó. Lorena le explicó que todavía no podía asimilar lo que había pasado. Los tres se recostaron en la arena, y hablaron. Pero pronto, el cansancio les ganó y se quedaron dormidos.

A la mañana siguiente, los primeros en levantarse fueron Felipe y Santiago. Eran casi de la misma edad, empezaron a jugar, parecía como si hubieran sido amigos de toda la vida. Después de un rato, la gran mayoría de sobrevivientes ya se habían levantado y se agruparon en el lugar en que habían colocado la fogata. Para el desayuno, lo único que tenían de comer eran las frutas de la noche anterior. Así que se las repartieron nuevamente.

Una vez acabado el desayuno, decidieron que tenían que nombrar a alguien como líder y Rafael fue elegido dado que era el que más edad y conocimientos de supervivencia tenía. Daniel sugirió que debían de construir refugios para pasar las frías noches allí. Así que usando los restos del avión y troncos de árboles construyeron los pequeños refugios, uno para cada familia o pareja. Tamara que estaba sola lo compartió con Lorena, y Lucas tuvo que compartir el suyo con Rafael.

Lorena se hizo amiga de Alexia y Lucía ya que eran casi de la misma edad. Aunque ellas eran de esas chicas que no eran muy inteligentes y solo pensaban en fiestas y chicos, Lorena, que era lo opuesto, no tuvo problemas con ellas.

Lucas y Tamara conversaban en la playa y cada vez se conocían más y más y poco a poco algo muy bonito surgió entre los dos.

Poco antes del medio día, Rafael sugirió ir a explorar la isla en busca de comida y agua. Todos los hombres fueron y las mujeres se quedaron para terminar de perfeccionar lo máximo que se podían los refugios para hacerlos seguros y evitar que en medio de la noche se derrumben. Lucas con mucha pena tuvo que dejar a Tamara, pero le prometió que no se demoraría mucho. Ella no sabía porque desde el momento en que Lucas se despidió ella ya comenzaba a extrañarlo.

Rafael, Lucas y los demás hombres caminaron y caminaron, sin embargo no encontraban ningún rastro de algún río. Lucas ya quería volver con Tamara porque no le gustaba la idea de que este sola. En su distracción, pisó mal y se cayó y rodó hasta que aterrizó en algo mojado que era una pequeña laguna con una cascada. Lucas, emocionado, gritó llamando a los demás y ellos fueron a ver qué había sucedido. Todos se emocionaron al ver la laguna y al poco tiempo vieron que había millones de peces nadando, optaron por improvisar lanzas con piedras y pedazos de cortezas de árboles, logrando así capturar suficientes peces para alimentar a todos los sobrevivientes durante ese día.

Al volver los hombres al campamento, decidieron hacer fuego usando los troncos de la noche anterior para cocinar el pescado. Todos comieron y se acabó rápidamente lo que habían sacado de la laguna, pues todos tenían mucha hambre. Ya estaba poniéndose el sol y Thaís se dio cuenta de que no estaban ni Erick Eduardo ni Natalia, en ese momento se percataron que no los habían visto desde esa mañana y se sorprendieron de no haberse dado cuenta antes.

Era ya muy tarde, y aunque buscaron por todos lados, no los encontraron. El día se oscureció rápidamente. No podían seguir buscando sin luz; además, podía resultar peligroso caminar dentro del bosque por la noche. Así que decidieron postergar la búsqueda para la siguiente mañana.

Todos estaban muy asustados y preocupados. Se preguntaban que les había podido ocurrir a Erick Eduardo y a Natalia. Se suponía que nadie más se encontraba en esa isla aparte de todos ellos. Descartada la idea de que alguien se los había llevado, la otra opción seria que ellos mismos se hayan escapado y escondido en la selva. Pero ¿por qué harían eso? No tenía sentido. Después de un rato sin poder dormir por su gran preocupación hacia la pareja, pudieron por fin descansar un poco.

Ni bien se despertaron, a la mañana siguiente, Rafael, Lucas y Daniel emprendieron una búsqueda a la selva. Mientras que las mujeres y los niños se quedaron en la playa.

Después de una larga búsqueda y haber caminado por la selva lo mas lejos que su cuerpo les permitía, acordaron volver al campamento pues creían que buscaban en vano. Preocupados y tristes tomaron el mismo camino para regresar. Pero de pronto, Daniel dejo de caminar y se quedo inmóvil mirando hacia la copa de un árbol. Cuando los demás se dieron cuenta, miraron hacia la misma dirección a la que la mirada de Daniel se dirigía. Todos se dieron un gran susto. No sabían que decir, no sabían que hacer.
Natalia y Erick estaban colgados boca abajo. Amarrados de las piernas con una especie de liana. Pero lo que aún era mas sorprendente es que ninguno de los dos tenían sus ojos. ¿Qué había sucedido? No lo podían entender. Alguien más se encontraba con ellos en aquella isla. Pero, ¿quién les haría tan terrible cosa? Todos seguían quietos y callados. Rafael fue quien rompió el silencio y dijo con dificultad que lo único que podían hacer en ese momento era enterrarlos. Pues a pesar que recién se habían conocido el día anterior, ya se habían vuelto amigos. Todos asintieron, y cuando Daniel camino hacia el árbol para bajarlos, sintió que estaba pisando algo que le provoco una extraña sensación; y cuando levanto el pie, vio debajo de este un ojo. Había pisado el ojo de Erick o de Natalia. Pero nadie dijo nada, ya no había nada que hacer. Los hombres acordaron que lo mejor era enterrarlos cerca de allí pues las mujeres y los niños podrían traumarse con tan espantosa muerte.

Caminaron hacia el otro lado de la playa y cavaron dos huecos lo bastante profundos para que quepan los dos cuerpos. Metieron a Natalia y Erick y taparon el hueco con arena. Hicieron un minuto de silencio y luego emprendieron camino hacia los refugios. Durante el camino, Rafael les comentó que lo mejor seria solo contarles a las chicas, para que estén más precavidas, por que si les contaban a los niños se podían a asustar mucho. Cuando llegaron, Lucas inmediatamente fue donde Tamara. En el mismo instante que Tamara lo vio, supo que algo estaba mal. Su rostro estaba triste y a la misma vez asustado. Le preguntó que había sucedido y él le contó la tragedia que le había sucedido a Erick y a Natalia.

Lorena se acercó hacia Tamara y le preguntó sobre lo que había pasado y ella le dijo que no los habían encontrado. Lorena tristemente asintió con la cabeza. Amabas decidieron ir a su refugio y quedarse ahí a descansar. De pronto, ya dentro de su choza, Tamara empezó a escuchar unos sonidos. Volteó para ver si era Lorena pero estaba en un profundo sueño. Los sonidos empezaron a hacerse más altos y Tamara notó que eran como voces, parecían voces de niños. Miró por la ventana a su alrededor y vio a Santiago y a Felipe jugando en la orilla de mar. Se habían hecho amigos desde que pisaron la tierra de esta isla. Tamara se dio cuenta que el mar se estaba retirando y la marea se estaba volviendo mas alta y les advirtió a los niños que tengan cuidado. En un abrir y cerrar de ojos la marea se volvió mucho más alta y las olas se volvieron gigantes. Santiago y Felipe asustados corrieron hacia los refugios pero no pudieron salvarse. Vino un maretazo y se los llevó. Tamara, desesperada, al ver lo que ocurría, corrió hacia el mar sin importarle las consecuencia e intentó buscarlos. Se sumergió en el agua pero lo único que veía adentro eran puras algas todo estaba lleno de algas no veía la luz. Cuando sacó su cabeza por un poco de aire se quedo petrificada. Estaba rodeada de ojos. Habían globos oculares por todos lado, todos ensangrentados y muertos. Tamara no sabía que hacer, era un mar de ojos. Empezó a tratar de ir hacia la orilla pero no había orilla. No tenía fin el mar de ojos. Cerró sus ojos y empezó a gritar desconsoladamente. Pronto, escuchó voces que le decían su nombre. Las voces eran de distintas personas pero había una en esencial que se le hacia muy familiar. Era la voz de su mamá. Se concentró más en esa voz y cuando abrió los ojos vio a su madre frente a ella. Se sentía muy extraña. Ya no sentía la viscosidad de los ojos a su alrededor. Estaba echada en una cama, sentía que estaba empapada de su sudor, pero a pesar de todo eso estaba seca. Cuando exploró con sus ojos los alrededor se dio cuenta que estaba en un hospital. ¿Cómo había pasado todo esto? ¿No estaba Tamara en una isla desierta en un mar de ojos ensangrentados? Su mamá, entre llantos, le explicó que había estado por 6 horas desmayada y que por fin había despertado. Ahí fue cuando Tamara se dio cuenta que todo lo que había ocurrido había sido un sueño. Nunca había llegado a una isla desértica, el avión nunca se había estrellado. Y es más, Tamara nunca había abordado el avión.

Camino al aeropuerto, el taxista que llevaba a Tamara se había chocado con otro auto en el que el conductor había estado bebiendo y estaba ebrio. Unos muchachos que vivían por esa calle. La habían encontrado inconsciente y al taxista muerto. Los chicos llamaron a emergencias y desde allí Tamara había estado en el hospital.

ana karina, ariana y fernanda